Testimonio | Carlos Rey relata el rescate de una joven en el Orzán «Oí que alguien pedía socorro y me tiré al agua», cuenta este policía nacional prejubilado
15 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?ree que se llama María. Pero no lo sabe, como todavía no se explica, ni se lo pregunta, de dónde sale el arrojo cuando no hay tiempo ni para dudar. «Yo no he hecho nada; hice lo que tenía que hacer», cuenta Carlos Rey. Ayer, al mediodía, salvó a una joven de morir ahogada en el Orzán. Pero insiste en que «son cosas que no se piensan». Con 58 años, este policía nacional en segunda actividad atribuye al instinto -en su caso a flor de piel- la respuesta ante la llamada de socorro de una muchacha de 29 años, la edad del único hijo de este hombre de bien de sorprendente heroicidad. Instinto «Fue instintivo -reflexiona en voz alta- yo venía de las Esclavas, estaba corriendo por la playa, porque corro mucho y cuando hay marea baja aprovecho para ir por la arena, y de repente la oí y la vi». Y ni se lo pensó. «Me desaté las playeras y me tiré al agua, la chica estaba en la zona más peligrosa, junto a la coraza». Apenas han pasado unas horas desde aquellos tensos minutos, pero Carlos recuerda que «mi única obsesión era cogerla, porque la estaba llevando la corriente y por momentos no le veía la cabeza». A la muchacha, al parecer salmantina, el mar se le abrió bajo los pies. De un baño, al abismo. Desde la coraza, algunos paseantes daban la voz de alarma cuando Carlos ya había reaccionado. «Me costó trabajo llegar hasta ella porque había bastante oleaje, pero en cuanto llegué, se agarró a mi brazo y le di rápidamente la vuelta; sólo quería sacarla de junto a las rocas y nadar hacia el Orzán», prosigue. El mar rompía contra la mediana de Riazor pero algunos tragos después «vi que hacíamos pie, ya estaba todo hecho», dice. Así de sencillo lo ve este hombre que reparte méritos: «Ella, cuando vio que ya la tenía sujeta, incluso me ayudó un poco -cuenta-; estaba en bikini y bastante morena, sabía nadar y parecía estar acostumbrada a la playa». Recuerda también el agente que durante el rato que duró el rescate «yo le hablaba, le decía 'vamos a salir, tranquila, ya estoy aquí y vamos a salir'», aunque reconoce que «en aquellos momentos, si llegan a tomarme la tensión seguro que la tenía en 18». No oculta cierto nerviosismo pero elude halagos porque «cuando escuchas a alguien pedir auxilio, no piensas fríamente; además -se justifica- yo conozco bien la zona y no nado mal». Llegar a la arena sirvió para respirar y recibir las gracias. «La pobre chica lloraba, temblaba, vomitaba y no dejaba de mirarme; antes no dejé que me abrazase, porque podía llevarme a mí al fondo, pero después claro que sí, su reacción fue la normal». Confía Carlos en volver a verla. Así se lo dijo antes de que el 061 se la llevase al Canalejo. «A mí quiso llevarme Cruz Roja, pero no hacía falta; sólo me pica un poco la garganta de tragar agua». Y otra vez vuelve a no dudar: «No hice nada del otro jueves, volvería a hacerlo», recalca.