Tras los pasos de Colón

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

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Historias de A Coruña | Una réplica de las carabelas llegaba a la ciudad Cinco tripulantes de «La Niña II», que había repetido la famosa expedición a América, entraban el 9 de febrero 1963 en el puerto coruñés a bordo de la motonave «Covadonga»

11 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Una de las aventuras náuticas más fascinantes de comienzos de los años 60 fue la repetición del primer viaje de Colón por La Niña II , una carabela que era copia exacta de la que había partido del puerto de Palos de Moguer en 1492. Al frente de la expedición iba el capitán Carlos Etayo Elizondo, un marino de guerra apasionado por las grandes hazañas descubridoras. La aventura no tuvo un final demasiado feliz, pues la embarcación, tras estar varios días dada por desaparecida, tuvo que entrar remolcada, en enero de 1963, en el puerto de Nassau (Bahamas), después de sufrir varias demoras en su navegación, con lo que se demostraba, al mismo tiempo, la dificultad del viaje colombino. Posteriormente, cinco de los tripulantes de La Niña II , entre ellos el ferrolano Nicolás Bedoya, marino de guerra jubilado (tenía 69 años) y único gallego de la expedición, hicieron el viaje de vuelta a España a bordo de la motonave Covadonga , de la Compañía Trasatlántica, arribando al puerto coruñés el 9 de febrero de 1963. Entre las personas que les estaban esperando figuraba Constantino Armesto, jefe de la sección de Local de La Voz, quien les hizo una extensa entrevista para el periódico. Los tripulantes no venían con muchas ganas de hablar, y al periodista le costó sacarles las respuestas y, sobre todo, circunstancias y datos de la expedición. Parecía como si ya hubiesen vendido la exclusiva del viaje a una revista de alcance nacional, como en efecto así sucedió (era el semanario La Actualidad Española ). Viajeros Los cinco expedicionarios, además del ferrolano Bedoya, eran José Valencia Salsamendi y Antonio Aguirre, ambos vascos; José Ferrer Robles, marinero de Huelva, y Michel Vialars, de nacionalidad francesa y veterinario de profesión, que durante la travesía actuó como médico y practicante. Los otros tripulantes (fueron un total de nueve) eran el padre Sagaseta, el marino Manuel Darnaude, sevillano; el periodista norteamericano Robert Marx, y el comandante de la expedición, capitán Etayo, que permanecían en Nueva York. El más solícito para hablar fue Nicolás Bedoya. Tenía una barba blanca y una tez muy morena, fruto de muchas horas expuesto al sol. En contra de lo expuesto en algunos medios de comunicación, el marino ferrolano dijo que las relaciones de los tripulantes con Etayo fueron magníficas, añadiendo: «Es un hombre competente y muy cabal. Yo fui el primero en conocer sus proyectos cuatro o cinco meses antes de comenzar su aventura, pidiéndome que le acompañase». El marino gallego conociera a Etayo cuando éste mandaba la patrullera de la Armada V-8 , en Pasajes (Guipúzcoa) y él estaba destinado en la Comandancia Militar de Marina. Respecto a los gratos recuerdos del viaje, Bedoya señaló su llegada a las islas Bahamas: «Fuimos tratados magníficamente, especialmente por un gallego, el señor Gómez, natural de Vivero, que se encuentra en una magnífica posición económica, el cual nos acogió y nos tuvo en su casa, tratándonos como verdaderos hermanos». También comentó Bedoya que el viaje de vuelta lo hicieron invitados por la Compañía Trasatlántica. Otro tripulante al que entrevistó La Voz fue el médico Vialars, que también hizo de cocinero, alternando con el vasco Salsamendi. Ningún marinero tuvo problemas físicos durante la ruta, excepto una pequeña indisposición de Antonio Aguirre. En cuanto a las inclemencia meteorológicas, recordó que pasaron varios temporales, uno muy fuerte al poco de salir de España, a la altura de Casablanca.