Elogio de la torre de Hércules

Víctor Omgbá a coruña

A CORUÑA

EDUARDO

Crónica | Día Internacional de la Arquitectura El colegio de profesionales demanda «la incorporación del monumento a la lista de la Unesco de bienes culturales Patrimonio de la Humanidad»

06 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Recorrer las entrañas de la torre de Hércules fue la propuesta hecha ayer por el Colegio de Arquitectos de A Coruña (COAG), que conmemoraba el día Internacional de la Arquitectura. Eligió el monumento más emblemático de la ciudad, según declaró Fernando Agrasar, presidente de la comisión de Cultura, «para atraer la mirada del ciudadano hacia arquitecturas de incuestionable valor y tratar de incluir la Torre en el listado de la Unesco de bienes culturales Patrimonio de la Humanidad». El público, guiado por el historiador Xosé María Bello, recorrió las dos partes del faro: la parte baja llamada tambor y la torre. En la parte baja, sostén del edificio, las excavaciones han podido revelar retales de las tradiciones y costumbres romanas. Bello consiguió sumergir a los visitantes en el pasado dando a conocer detalles sobre su construcción, las partes antiguas, así como sus modificaciones «antes de que cayera la torre en ruina durante la edad medieval en el siglo X. La culpa la tuvo la caída del comercio marítimo», declaró Bello. Bello afirmó que el exterior es el único lugar donde se pueden apreciar los rastros romanos. Precisó que los sillares que se utilizaron para la construcción de la torre «no sólo sirvieron para albergar castillos, cuarteles, cocina... sino que ayudaron a construir otros edificios en la ciudad». Los 234 escalones Desde una escalera se accede al primer piso. Son diecisiete escalones de los 234 que componen toda la estructura, dividida por tres descansillos de bóvedas altas, muros que hablan el lenguaje de dos etapas, la de Gayo Sebio Lupo y la de Eustaquio Giannini. Fue este último quien construyó, en el siglo XVII, según recuerda Bello, una escalera exterior. Giannini, aparte de dejar marcas en la obra «con piedras negras para señalar las dos etapas», revistió la torre de sillares de granito.