Reportaje | Revolución en las rúas de Sada Algunos vecinos sólo quieren a Franco, como mucho, en los libros de historia. Otros, indignados, entonan el dicho de Santa Rita, la placa que se da, no se quita
06 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.«La historia no se puede cambiar, aunque ellos quieran», sentencia Demetrio Franco desde detrás de la barra de su bar, en la avenida del Generalísimo, en Sada. «Ellos», que son el alcalde, el nacionalista Abel López, y el resto del gobierno local, quieren quitarle la calle a su tocayo, y a Calvo Sotelo, a José Antonio y a los generales Mola, Aranda y Sanjurjo. «La historia no se debe cambiar, no tiene sentido», insiste. Al otro lado del mostrador, los clientes le dan la razón. Que Franco se quede sin su avenida «de toda la vida» les parece «un disparate», aunque en todo lo larga que es la calle sea más que difícil encontrar una placa con su nombre. «No nos gusta nada la idea, pero cualquiera dice algo, que a lo mejor nos fichan. Si fuera con el alcalde de antes...», comentan. Porque los sadenses sí saben, pero contestar les cuesta, y salir en una foto para el periódico, ni en broma. «Mi hijo trabaja en Protección Civil y se le acaba el contrato ahora. A ver si por salir yo diciendo cosas...», se excusa un vecino. Gastos para los negocios Cartas extraviadas y tener que rascarse el bolsillo son otras de las razones en contra del cambio. Aida, encargada de la pastelería Del Valle, no sabe qué va a hacer con todas sus tarjetas y el papel de la tienda si rebautizan la calle. «A mí tanto me da que se llame Castelao, Manolo Escobar o Perico de los Palotes, pero es un trastorno tremendo para los negocios. «¿Quién va a pagar los gastos?», pregunta. Para los más jóvenes de Sada, sin embargo, el antiguo régimen es eso, antiguo. «Franco ya no pinta nada aquí y la dictadura ya fue hace muchos años. Es mejor que cambien los nombres y que el Ayuntamiento pague. Así, todos contentos», comenta un grupo de adolescentes. Carla García atiende un kiosco en la calle dedicada al Generalísimo. Para ella, sólo es un nombre. «No pasa nada si la quitan y seguro que a alguno que lo pasó mal en esa época le hará mucha gracia», señala. Al fin y al cabo, explica, «también hicieron lo del caballo en Ferrol y era más fuerte, ¿no?».