La rutina

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

02 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EN UN legendario western , el fornido héroe condenaba al villano de turno a cruzar el desierto de Nevada con la única ayuda de un barril de whisky casero. Era el castigo ganado a pulso por el bellaco, que había abandonado en el poblado varios odres de agua de la caravana para transportar, en su lugar, el licor que animaba sus insomnios. La dieta de alcohol y rayos solares, claro, acabó tumbando al malvado junto a la macabra sonrisa de una calavera de caballo. La lección -puritanismos al margen- imponía la necesidad de la rutina (el vulgar pellejo de agua), frente a la condena de elevar a norma algo extraordinario (el agua de fuego, buen digestivo para las siestas del domingo, no es recomendable como desayuno habitual). La película se me subió a la cabeza el otro día, en la cola del peaje de la A-9, rebuscando en el cerebro una excusa para afrontar con dignidad el regreso al ordenador y las palabras, esos trastos con los que se fabrica cada día el periódico. Un buen trago del agua de la costumbre tampoco está mal del todo y hasta el whisky más añejo acaba por hastiar. Al final, la rutina es la que nos ata a la vida, construida a golpe de pequeños hábitos, como ese café en el bar de la esquina que ya empezaba a echar de menos después de tanto agosto.