Reportaje | Las tiendas de «souvenirs» hacen su agosto en julio Lo más solicitado siguen siendo las torres de Hércules en miniatura, que la gente se lleva para ocupar un lugar de honor al lado de la Eiffel comprada en París
26 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Con nombre de bailaora flamenca, la Mariquita Pérez vuelve a ser la estrella de este verano. Para los más despistados, no se trata de ninguna famosa recién salida de la lata televisiva, sino de la muñeca más centenaria de nuestra cultura. Vestida de traje regional, Mariquita se esconde en ciertas tiendas de la ciudad, confundiéndose entre hórreos, ceniceros, camisetas, búhos y alguna que otra muñeca despistada, vestida de sevillana. Y es que en las tiendas de souvenirs uno se puede encontrar con el artículo regional más insospechado; desde postales que rezan «Eu love A Coruña» y ceniceros que aseguran «Fui a A Coruña y me acordé de ti», hasta unos azulejos que llevan estampada la cruz de Santiago, por si alguno quiere decorar la cocina, el baño o el caminito del jardín con motivos peregrinos. La motivación a la hora de comprar estos objetos es diferente. «Normalmente se venden los artículos que los clientes encuentran útiles o, por lo menos, creen que lo son», cuenta Ramón Freijido, propietario del Bazar Freijido. «Un caso curioso fue el de las conchas de coral, un famoso hotel de la ciudad las compró para decorar sus cuartos de baño y, desde entonces, hemos triplicado las ventas», continúa este comerciante. Sin embargo, este tipo de negocio sigue siendo sufrido y funciona sólo en verano. A diferencia de otras ciudades gallegas, el buen tiempo es su único aliado aquí. «Santiago no tiene tiempo, pero tiene turismo. Nosotros, ni turismo ni tiempo», se resigna José Martí, propietario del Comercio Martí. Por eso ya hay quienes han cambiado los recuerdos y souvenirs por una modalidad de tienda especializada en artesanía galega, que abarca desde la más famosa hasta la más desconocida. De todos modos, «sigue siendo difícil que la gente se mentalice de que se puede hacer un buen regalo artesanal sin recurrir a los clásicos», asegura Pilar Silvela, propietaria de Silvela A Tenda.