Reportaje | Malos tratos en el hogar Las palizas dieron paso al pánico. Él ya no vive con ella, pero la espera todos los días en el bar de abajo. Aguantó 27 años, pero no quiere hacerlo ni un minuto más
20 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?uando eran novios, a él ya le gustaba levantar la mano, pero ella aguantó. Se casaron, tuvieron una hija, y, aunque las palizas no paraban, ella las seguía soportando en silencio. Después de 27 años, no pudo resistirlo más. Un informe de su médico sobre las agresiones que amorataban su cuerpo fue suficiente para presentar la primera denuncia a finales del año pasado. Desde entonces le ha puesto nueve más, ha conseguido una orden de alejamiento y que le retiraran las dos armas que tenía a su nombre. Sin embargo, cada día la espera en el bar que está debajo de su casa para recordarle que no se olvida de ella, y que nunca lo va a hacer hasta que muera. Ésta es la historia de una vecina de Arteixo a quien el pánico le ha hecho ocultar su identidad. «Me pegaba por mirar la televisión, por llegar tarde a casa, por arreglarme, me tiraba los platos de comida a la cara y me amenazaba de muerte. Daba igual lo que hiciera, todo le parecía mal y era un motivo para pegarme», relata la maltratada. Ayer, la asociación de mujeres Alecrín quiso denunciar su caso y pedir a los organismos responsables «que eviten unha morte máis. A data de hoxe, houbo 42 asasinatos de mulleres a mans dos seus homes, e 34 máis estiveron a punto de perder a vida por este mesmo motivo. Nós debemos estar naqueles lugares onde unha muller corre perigo de morte», explicó Ana Míguez, presidenta del colectivo. Según relató, desde el momento que conoció el caso de esta vecina de Arteixo, se puso en contacto con la Guardia Civil, el área de Servicios Sociais, y con el delegado del Gobierno en Galicia, Arsenio Fernández de Mesa. «A única resposta que conseguimos era que a Garda Civil só lle podía dar protección á víctima dentro dun calabozo. Incluso moitas veces lle dixemos a que hora ía estar o agresor debaixo da casa da víctima, e non apareceron por alí», relata. Estos últimos meses el miedo ha sido el compañero inseparable de esta mujer maltratada, que como única ayuda ha recibido el consuelo de las vecinas de la asociación Ardanza y de Alecrín. «A maior axuda para as mulleres víctimas de violencia é facer público o problema, aínda que a veces suceda o contrario. Do que se trata é de evitar que as mulleres sigan morrendo e de que as protexan», dijo Ana Míguez.