PLAZA PÚBLICA | O |
13 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.UN CHISTOSO me decía que las campanas de Palas de Rei tocaban «muy rarito» estos días. No sé; lo que sí sé es que Blanco, o Blanca, son palabras germánicas. Ellas han llegado hasta los tronos de Francia y Navarra. Ellos, en Galicia, no han sobresalido tanto: los maestros de la escritura Eduardo Blanco Amor y el periodista Manuel Blanco Tobío, y, en política, don Benito Blanco Rajoy. Ya es casualidad que San Blanco (siglo VI) fuese escocés, de otra área de la gaita . Y de mi juventud, Telesforo -Forito- con su perenne gorra del Náutico y constante saludo de caballero coruñés. «Ni blanco que admire ni negro que tizne» era dicho popular que encaja con el castizo acento del actor Tomás Blanco en La Revoltosa ; aunque nada más racial que aquellas canciones de Carmen Morel y Pepe Blanco, repetidas una y otra vez en discos dedicados de las radios. Nada que ver con Pepiño Blanco, con un esfuerzo notable por salirse del rebufo de los traidores. Yo sabía lo de la broma de don Ramón María de que los gallegos o se comen la hierba o, como él, la oían crecer. La finura auditiva de oír «ruidos de cheques» es de premio. Pero no sé si será lo que anuncian las campanas de su pueblo lo que tenga música: ¡Ay! Pepiño adiós, ¡ay! Pepiño adiós...