Huelga de hambre contrarreloj

Juan Gómez-Aller A CORUÑA

A CORUÑA

Crónica | Un vecino reclama el pago de una deuda al Ayuntamiento El Concello pidió al manifestante su número de cuenta una hora después de iniciar su protesta

12 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Llegó después de la hora de desayunar y se fue antes de la de comer. Fue la huelga de hambre más corta que se recuerda. Francisco Gallego se levantó ayer pronto para acudir a su personal cita con la historia: Su agenda marcaba para el jueves huelga de hambre , una medida extrema «que me vi obligado a tomar para que el Ayuntamiento me pagase los más de 3.000 euros que el Tribunal Superior de Xustiza había dictado el mes pasado». La sentencia obligaba al Concello a pagar por las lesiones que sufrió Gallego al tropezar, en 1997, con la base de una señal que estaba al descubierto en la avenida de Finisterre. Taburete y pancartas de rigor, Francisco Gallego llegó sin desayunar a las ocho y media de la mañana. Nubes para la primera jornada de huelga, pero Gallego llega de camisa corta. La prensa anuncia la llegada de Bono para la mañana y calor para la tarde, y todo parece que él seguirá allí cuando el sol se digne a aparecer. Se sienta junto a María Pita, y espera. A la media hora, dos agentes de la Policía Local se acercan. Gallego se prepara para la primera batalla, pero todo se queda en una «petición de mi nombre, bastante amable». «Luego, a la media hora, llegaron dos funcionarios que me pidieron el número de cuenta para hacer el ingreso, pero yo no lo llevaba conmigo. Y como indiqué, la huelga de hambre tenía como objetivo que me pagasen, así que no tenía mucho sentido continuarla», relata Gallego. Aún así, «había razones para quedarme allí y que el alcalde supiese la injusticia que se ha cometido conmigo. Por aquel accidente estuve ocho meses de baja y me vi obligado a vender mi empresa de porcelanas, y eso no lo compensan 3.500 euros. Me parece una burla que un tribunal diga que parte de la culpa del tropiezo ha sido mía. El Ayuntamiento no tuvo la gallardía de pedirme disculpas, y encima quisieron exculparse en un juicio», se queja Gallego. Bono Hacia las once de la mañana, frente a las pancartas de Francisco, una decena larga de periodistas y el propio alcalde esperan a José Bono. Minutos después aparecen en María Pita los Audi del presidente de Castilla La Mancha, mujer y escolta. Quizás Bono le haya visto, y haya preguntado a Moreda -que iba en el asiento de delante- quién era él. Quizás no. Dos horas más tarde, Francisco decide volver a dejar sola a María Pita y acabar con su fugaz huelga. Pero al mediodía no comerá. «Ya no desayuné, pero, de todos modos, desde que leí la sentencia no tengo mucha hambre».