Achicharrados por el calor popular

A CORUÑA

En directo | Bono y Vázquez festejan sus éxitos electorales El presidente de Castilla-La Mancha y el alcalde de la ciudad han compartido mesa y mantel para después girar visita a la casa regional, en la que ambos políticos han tenido que recurrir al abanico

12 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?osé Bono vivió una jornada inolvidable en A Coruña. Llegó a media mañana y se fue a media tarde, pero tuvo tiempo para intercambiar todo tipo de elogios y abrazos con su colega, compañero y amigo Francisco Vázquez. «Nos conocemos desde hace mucho tiempo y podemos decir que compartimos la misma visión sobre la política y sobre España, porque los dos hemos aprendido en el mismo sitio que el interés general está por encima del partidismo», repitió el presidente manchego a lo largo de varias ocasiones de su encuentro con Vázquez. Porque la jornada, aunque no demasiado extensa en el tiempo, apenas media docena de horas, fue muy intensa. El regidor coruñés esperaba impaciente en la entrada al palacio municipal a Bono junto con dos de sus más estrechos colaboradores, Salvador Fernández Moreda y Javier Losada. El presidente de Castilla-La Mancha llegó con ligero retraso, como una novia que se hace esperar. Salió del coche oficial con una sonrisa de oreja a oreja y un lustroso bronceado que la corbata rosácea que anudaba al cuello resaltaba aún más. A su lado estaba su mujer, Ana Rodríguez, siempre sonriente, que recibió de manos de Vázquez un colorista ramo de flores. Dedicatoria Tras un intercambio de toda suerte de parabienes, los políticos se dirigieron a la planta noble de María Pita. Allí dejó José Bono una larga y sincera dedicatoria en el libro de oro de la ciudad: «Saludo con afecto sincero al alcalde de La Coruña, mi buen amigo Francisco Vázquez, que ha sabido y ha podido defender los intereses generales con acierto y sin subordinación a otros más particulares como los meramente partidistas», rezaba el escrito. El chorreo de flashes duró apenas cinco minutos. En la sala de los relojes esperaban todos los concejales socialistas. Un ligero refrigerio entre una sucesión de anécdotas permitió a Bono y a Vázquez reponer fuerzas antes del plato fuerte de la jornada. Los dos políticos no escondieron su alto grado de empatía. Una sucesión de elogios dominó la ronda de presentaciones. Los dos presumieron de la sexta mayoría absoluta del otro. «Lo tuyo tiene más mérito, porque estás en un ámbito mayor», le dijo el alcalde coruñés. «No, Paco. Lo tuyo sí que tiene mérito, porque en Castilla-La Mancha no tenemos nacionalistas», replicó Bono antes de defender su condición de español. Tras el repaso a la actualidad política nacional -«golfos, sinvergüenzas, traidores, judas y corruptos» fueron algunos de los adjetivos dedicados a los tránsfugas del PSOE madrileño-, los dos amigos acudieron al comedor del palacio municipal para compartir mesa y mantel con una amplia representación de la sociedad civil coruñesa. Menú ligero La comida consistió en un ligero menú. Ensalada y rape, con helado de postre fue la elección de Vázquez para agasajar a la comitiva manchega antes de una larga sobremesa que duró casi tres horas. Con la digestión a medias, llegó otro de los platos fuertes de la jornada. En A Coruña tiene su sede la Casa de Castilla-La Mancha. Tiene más de un centenar de socios y su actual ubicación, con vistas a la bahía de Riazor. Su actual presidente, Eloy Jiménez, esperaba la llegada de la comitiva oficial muy nervioso. Preside el club de manchegos desde hace tres años y la sede social fue inaugurada en 1996 precisamente por Bono y Vázquez. De entonces data un pequeño error. En la placa conmemorativa del evento, situada en la fachada del edificio, figura el nombre de José Bono. La curiosidad es que su segundo apellido es incorrecto, ya que figura Fernández en lugar del verdadero Martínez. «Pero no quiero que lo cambiéis, porque me hace gracia y me ayudará a recordar siempre el cariño de los manchegos de A Coruña», contó Bono. En ese mismo escenario se vivió otra simpática estampa. Tras un recorrido por el local, llegó la hora de los discursos protocolarios. Las altas temperaturas y el numeroso público convirtieron el interior de la Casa de Castilla-La Mancha en una pequeña sauna. El alcalde coruñés y el regidor manchego recurrieron a un método tradicional para aliviar la sensación de calor. El primero fue Bono, que echó mano de un sencillo paipay. Mientras, Vázquez agitaba un folio. Hasta que el interventor municipal, miembro de la directiva de la Casa de Castilla-La Mancha, le acercó un abanico de grandes dimensiones. «A ver si le pasa a la firma al alcalde una partidita para el aire acondicionado», le apuntó José Bono. Un vino español y un intercambio de regalos -el presidente manchego se llevó una réplica en plata del clásico Obelisco y el alcalde una imagen del Quijote en cerámica de Talavera- puso fin a la jornada de festejos socialistas. Habrá segunda parte. Será en Toledo, coincidiendo con la toma de posesión de Bono.