Empezó con una tirada de 69 ejemplares sobre el mundo del pubis, alcanzó el Planeta y ahora promete volver al cuento
28 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.De Prada reconoce que su escuela es el relato. En su haber, varias novelas. También guiones de cine. «Son más fáciles», cuenta. -Dos grandes premios literarios a los 32. ¿Qué queda del chico de «Coños»? -Me he puesto más gordo y he formado una familia, pero sigo siendo el mismo, poseído por la misma pasión, la que me ha hecho escribir tanto y sobrevivir a la erosión de la fama. La vanidad mata vocaciones artísticas, pero a mí no me ha hecho daño. -¿Es «La vida invisible» el principio de otra trilogía? -No, lo que abre es una etapa de mi obra de búsqueda de madurez, pero no rompe con los libros anteriores. -¿Tenemos todos una doble vida? -Sí, y es bueno que así sea, si no seríamos un poco monstruosos. Otra cosa es que pensemos que nuestros actos no arrastran consecuencias para otros. -Ha confesado que sufre al escribir. ¿Es masoca? -La vocación no se elige. Es un sufrimiento moral, tiene mucho de exorcismo y confesión de tus taras, vicios y miedos. Vomitarlos duele. Si pudiera, no escribiría. Leería en la cama horas y horas. Es una experiencia erótica. -El autor de «Todas putas», crucificado... -Un disparate. Ni que los lectores fuesen tontos y no supieran distinguir. Otra cosa es que el libro no me interese. También hay un fondo de justicia: una editora seria no debería publicar eso. -Lo digo porque usted escribió en «Coños» sobre el pubis de una niña... -Tuve alguna protesta, sí, pero el lector se dio cuenta del juego literario. -Le han señalado como sucesor de Cela. ¿Escribirá sobre Umbral, su padrino, como éste del Nobel? -Nunca lo haría. No puedo escribir literatura basura, va contra mis principios. -¿Cómo se puede ser fan del cine cutre e ir al programa de Garci? -Pues igual que encantarte Audrey Hepburn y ponerte cachondo la Loren. No estamos hechos de una pieza.