Castilla y León
La participación en las elecciones a las 14 horas sube dos puntos hasta el 36,9 %

Un alcalde despierto en una ciudad dormitorio

Alberto Mahía A CORUÑA

A CORUÑA

Lleva el bastón de mando desde 1983, cuando lo convencieron para que se presentase. Hoy afronta su sexta mayoría después de arrollar, con 13 concejales de 21 posibles

27 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Culleredo, antes de convertirse en una ciudad dormitorio, era como un Nacimiento, con sus ovejitas, sus casitas, su río y su molino. ¡Qué tiempos! En los setenta, comenzó a poblarse de parejas jóvenes y las parroquias crecieron a lo alto y a lo ancho. Julio era un rapaz cuando abandonó Cogeces del Monte y se mudó a Culleredo en 1971. Con 18 años y recién acabado Magisterio, hurgó en las ofertas de empleo de un periódico de Valladolid. La Universidad Laboral de A Coruña buscaba a alguien como él. Y se presentó. Soltero. Claro que muy pronto conoció a una gallega, que le robó el corazón y las ganas de regresar a su tierra. Hoy, treinta y dos años después, Julio Sacristán suena para ocupar la presidencia de la Diputación. Le sopla el viento en la espalda a pesar de ir por libre en el partido. No tiene padrinos pero es amigo de sus iguales en los ayuntamientos de la provincia y eso ayuda. Él dice que acatará lo que disponga la dirección del PSdeG, que en la lengua de los políticos es como decir que sí. Por ahora es alcalde y presidente del Consorcio de As Mariñas, que no es poco. Este vallisoletano, que nació hace 49 años en Cogeces del Monte, afronta su sexto mandato. Desde 1983 es alcalde de Culleredo. Ya era muy de izquierdas cuando era peligroso serlo. Se hizo sindicalista y conoció a Xosé Carrillo, quien lo llevó al PSOE. Su elección como candidato a alcalde se cocinó en un bar de Vilaboa. A las tres de la madrugada aceptó el reto, a seis horas de cerrarse el plazo de la presentación de las candidaturas. Pacto Comenzó ganando. Y desde entonces no ha hecho más que pasar hasta veinte horas al día en el despacho. Dicen sus amigos y hasta sus enemigos que ése es su secreto. En el primer mandato tuvo que pactar con el BNG. Fue cuando prometió un paseo marítimo en O Burgo y lo hizo. También había prometido dejar de fumar como un carretero y no hay quien le quite el Winston de la boca. Es tan bien agradecido que en su primera mayoría absoluta no se olvidó del BNG, dejándoles participar en su gobierno. Tuvo en su primera legislatura a Moncho Valcárcel como concejal. Sacristán siempre recuerda de él una frase: «Mira Julio, eu non entendo de cartos, pero si sei que para facer cousas temos que cobrar impostos». Desde entonces, se echó a los coruñeses encima. Primero, porque no hizo más que robarle población a la gran ciudad. Y segundo, por oponerse al Plan Director de Alvedro. No es que quiera que los aviones que lleguen a A Coruña sean de los que haya que frenar con los pies, como en los chistes de Mortadelo. No, lo que le pasa es que le revienta tener que sufrir una nueva expropiación en el municipio. Ahora le ofrece terrenos gratis al Deportivo de A Coruña para levantar su nuevo estadio.