PLAZA PÚBLICA | O |
19 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LA LUNA es muy femenina, de brillante tez pálida, romántica, que provoca los minutos más amorosos y preferida de poetas y cantores. Con rigor, es el período de tiempo en el que vuelve a conjuntarse con el rey Sol. Lo saben las mujeres, son 28 días; y los árabes cuentan en lunas, como si sólo existiesen febreros. No hay astro más implicado en los entresijos del lenguaje. Desde siempre, pues Virgilio hacía rimas «a la luna y a sus cuernos». Ignoro cuándo las playas valencianas fueron bautizadas como medias lunas, pero algo tuvo que ver con «a la luna de Valencia», que viene a ser como «chafarse» algo deseado o a punto de lograrse; sólo «a la luna» es como in albis , muy utilizado en la literatura de aquellos pícaros que te dejaban en blanco al menor descuido. Pienso que Irureta se quedó el sábado a la luna de Valencia, pues él lo que pretendía era un puntito con el que -en su particular jerga- ya hubiese terminado sus deberes. Pero no esperaba que su homólogo valenciano se asesorase del Manzano mallorquín. Le prepararon una trampita, análoga a la que él utilizó en Vigo el año pasado, según nos dice el veterano maestro Victuco, en la que cayó de bruces: y veremos si tiene tiempo a levantarse. Queda una luna, cuatro semanas.