Regreso al lugar del crimen

Rubén Ventureira A CORUÑA

A CORUÑA

Hijos de Manuel Guzmán y de Francisco Prego recuerdan a sus padres, pasados por las armas en el Campo da Rata Sus progenitores, uno diputado y el otro funcionario, fueron ejecutados el 31 de agosto 1936

03 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«Esta hijita es mi inmenso pesar, pues son los ojos de mis ojos, la cara de mi cara, el cuerpo de mi cuerpo, en fin, la ilusión que tenía en la vida». Corre el 28 de agosto de 1936. Francisco Prego escribe, desde la cárcel, a su mujer, Obdulia. Ya sentenciado a muerte, se acuerda de la cría que va a dejar huérfana. Tres días más tarde, pim, pam, pum. Lo fusilan. «Los ojos de los ojos» del ejecutado recorren, 67 años después, el Campo da Rata, un rincón al que ni tanto horror ha logrado extirpar su ruda belleza. A Luisa Prego, la «hijita», el recuerdo le conmueve más que el paisaje. «Aquí fue», señala la cara de su cara. «Aquí lo mataron», remarca su hermano, Francisco. Para él, para el chico de la casa, muy pronto el hombre, también tuvo palabras su padre en la carta a Obdulia, muy pronto viuda, fechada el 28 de agosto. «A Pancho le dices que sea trabajador y estudie cuanto pueda, llegando incluso al sacrificio: que no se meta en política, por nada ni por nadie, pues antes de hacerlo que pase hambre primero». Han vuelto al lugar del crimen. A petición de La Voz, y por un motivo feliz. El Concello acaba de dedicar una calle a su padre. Con otra ha sido honrado Manuel Guzmán. Y uno de los tres hijos de éste, José, también está hoy aquí para reivindicar a su progenitor, pasado por las armas el mismo día. Hablemos de Manuel Guzmán García (Rentería, Guipúzcoa, 1878). «Fue carabinero (vigilante de puertos y aduanas), durante 12 años, y después se dedicó a actividades comerciales», apunta José. Animado por su amigo Santiago Casares Quiroga (el jefe del Gobierno tras la victoria del Frente Popular en 1936), Manuel, que nunca hasta entonces había participado en política, fue elegido diputado a Cortes en aquellos comicios. Mitin de Azaña Manuel Guzmán era íntimo de Francisco Prego (A Coruña, 1891), jefe del negociado de obras del Ayuntamiento. «Casares nombró gobernador civil a Francisco Pérez y le pidió a mi padre que lo ayudase, porque era joven (tenía 25 años), y de fuera. Así lo hizo», cuenta Luisa Prego, la hija del funcionario. José Guzmán aún recuerda el día, «quizá de 1935», en que acudió con su padre a casa de Francisco Prego para recogerlo y partir hacia Madrid, «donde vimos el mitin de Azaña en la plaza de toros de las Ventas». El 20 de julio de 1936, los dos hombres ahora homenajeados por el Concello estaban en el Gobierno Civil cuando sonó un cañonazo. Empezaba así el ataque de los militares sublevados. Uno de los artilleros era el cabo Santiago Gómez, «que tiene calle en la ciudad», apunta Guzmán. Los dos amigos abandonaron juntos el edificio y se ocultaron en un piso de la calle de la Florida. Francisco Prego hijo se asustó cuando fueron a buscar a su padre a la casa familiar. «Le dijeron a mi madre que, si no aparecía él, me fusilarían a mí. Yo sólo tenía 15 años». Guzmán y Prego estaban preparando su huida cuando fueron detenidos siete días después. Después, los condenaron a pena de muerte en un consejo de guerra. A ellos y a otros cuatro implicados en los hechos. Además, la sentencia obligó al pago de tres millones de pesetas «en forma mancomunada y solidariamente» en concepto de responsabilidad civil. «Sólo mi padre tenía dinero, así que nos embargaron bienes muebles e inmuebles. Desde nuestra casa hasta la radio», recuerda José Guzmán. «Vivimos años desesperados. Qué mal lo pasó mi madre. Subsistimos por la ayuda familiar. Mis hermanos y yo pudimos estudiar gracias a Juan Boedo Rouco, director de la Academia Galicia». El Estado no les devolvió sus bienes hasta 17 años después. «En el colegio no podía decir que habían fusilado a papá. Eso sólo le pasaba a los criminales», ironiza Luisa Prego. Saca una foto de su padre formando con el Real Club Coruña -fundado antes que el Dépor y con el que mantenía una gran rivalidad- que el 5 de agosto de 1913 venció al España de Barcelona por 3-1. «Era un gran deportista, también patrón de traineras». «Eran buenos. Y los mataron», zanja José Guzmán.