«Con lo del temblor hacemos chistes, hasta de los verdes»

S. Basterrechea A CORUÑA

A CORUÑA

Ha estado en los dos lados. Era neuropsiquiatra y un día notó en sus manos lo que diagnosticaba a otros. «Me tocó, lo acepté y ahora soy feliz», confiesa

29 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El giro brusco de 180 grados de Manuel Romero se llama párkinson, llegó hace doce años y ahí sigue. «La enfermedad es crónica, progresiva, invalidante e incurable», afirma de su cruda realidad y de la de otros 7.000 gallegos. «Fui a ver a un compañero médico y me dijo que tenía lo que yo tantas veces había diagnosticado. Fui a dos médicos más, por si acaso». -¿Le costó aceptarlo? -Un año. Primero se me cayó el mundo encima, como una losa. Me metí en casa, veía la tele sin verla, escapaba de mis amigos. Hasta que me volqué en ayudar. Montamos la oficina de la asociación en el comedor de mi casa. Pienso que me tocó, lo acepté y ahora soy feliz -¿Los avances médicos son esperanzadores? -Para curar no hay nada, se investiga pero... Hay fármacos para los síntomas y, como somos muchos enfermos, a los laboratorios les sale rentable. Hay casos que mejoran con cirugía. -La música les ayuda. -Hace años venía un chico de INEF a dar clases de baile y los dos vimos que con el pasodoble o el cha cha cha dejábamos de temblar y los que estaban en silla se levantaban. La Xunta le ha dado dinero ahora para ampliar su investigación. -¿Se sienten marginados por la Administración? -Yo estoy muy enfadado. Sólo pedimos lo que nos corresponde por ley, atención integral, es decir, el neurólogo, los medicamentos y la rehabilitación. Nos han dado 600 euros en seis años. Es una vergüenza. -¿Cómo es su día a día? -Me lo tomo con humor porque esto va a peor. Hay que reírse, desdramatizar la enfermedad. Nosotros vamos de excursión, hacemos fiestas y bailamos. Estamos enfermos, pero vivos. Con lo del temblor hacemos chistes, hasta de los verdes. No veas cómo batimos huevos y no fallamos una al tiro al plato.