CRÍTICA MUSICAL | O |
26 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.SIGUIENDO la ilustre tradición de las grandes batutas italianas, de Toscanini a Abbado, de Cantelli a Chailly, el director milanés Carlo Rizzi se siente como pez en el agua, tanto en la sala de conciertos como en el foso de ópera. Hace un par de años había dejado un gratísimo sabor en el Teatro Real madrileño, con una Cenerentola , de inequívoco sabor rossiniano , y ahora acaba de acreditar, también, sus méritos en el repertorio sinfónico, en esta su segunda visita coruñesa. Su hermano, el violinista Marco Rizzi, tuvo ocasión esta vez de brillar en el Segundo concierto para violín , donde Bartok concilia a la perfección tradición, en la forma, y modernidad, en el contenido. Obra de sutiles y bien logrados equilibrios, la escritura, esencialmente virtuosística, de la parte solista no ensombrece, dejándolo de lado, el cuidadoso, y audaz por momentos, discurso orquestal. Como escribió el propio Bartok: «El acompañamiento orquestal para el violín es una cosa delicadísima; la orquestación de esta obra es impecable y no hay nada que cambiar en ella». Con un sonido suficiente, poderoso, Marco Rizzi desentrañó estupendamente la calidez lírica de algunos de su temas junto al virtuosismo salvaje, casi a las puertas mismas del expresionismo, de las cadenzas del primer y el último movimiento, sembradas de complicadas acrobacias que él resolvió sin despeinarse. Su labor fue muy aplaudida. Lo mismo que la de su hermano, a quien la orquesta obligó a saludar en solitario después de otro franco ejercicio de virtuosismo, esta vez orquestal, encarnado en todas las secciones del conjunto, durante la interpretación del Concierto . Carlo Rizzi propuso una lectura más ligera de lo habitual, sin crispaciones, elocuente, sensual, mediterránea podría afirmarse, centrada en el detalle y la sugerente revelación de la riqueza tímbrica. Todo sin perder en cuenta la arquitectura de una obra desigual. Un trabajo excelente de director y orquesta. Lugar: Palacio de la Ópera, 25 de abril del 2003. Director: Carlo Rizzi. Solista: Marco Rizzi (violinista). Programa: La Orquesta Sinfónica de Galicia interpretó obras de Bela Bartok, «Concierto número 2 para violín» y «Concierto para orquesta».