En el baúl de los recuerdos se esconden objetos con mucho que decir. Desde el cuadro de aquel pintor que se enfadó con Alberti a la dorada pipa de opio «made in» China
25 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?alos tiempos para la lírica (y la prosa, y cualquier tipo de arte), aquellos terribles años cincuenta en España. Por eso, no es extraño que el cuadro con el retrato de Alberti se pintara en Buenos Aires, pese a que el artista era de Vigo. Lo raro está en que la figura del escritor es poco más que un bosquejo, le falta algo. Está inacabado, pero no falto de historia: la de una reunión habitual, en tierras argentinas, entre su autor y el genio del Puerto de Santa María (junto a otros muchos intelectuales en el exilio). Fue entonces cuando José Otero propuso a Alberti llevar su cara a un cuadro. El autor de Marinero en tierra aceptó, y así comenzó a gestarse la pintura. Sin embargo, no fue muy lejos: a medio trabajo, los dos protagonistas de esta historia se enfadaron y el lienzo quedó a medias. Y, así, puede verse en la decimocuarta edición del Salón del Anticuario coruñés, donde comparte un rincón del Palacio de Congresos (en el puesto del Centro de Arte de Galicia) con otras piezas de coleccionista. Entre ellas, un avestruz de madera que aún conserva las guías que una vez (a principios de siglo) lo unieron a un tiovivo. Es uno de los pocos animales que se resisten a la venta (junto a un conejo y tres tigres), de los 18 que una vez formaron la atracción de feria. Jaime Trigo los encontró en el almacén de unos feriantes, a medio camino entre León y Santander, y pasaron a engrosar la larga lista de curiosidades de que dispone. Silla de pesaje Pero hay muchos más objetos peculiares en el salón. Está una pipa que alguien usó alguna vez para fumar opio en China, y que llegó a Galicia vía Londres. También de la capital inglesa procede una curiosa silla de madera que hace tiempo hizo de balanza para pesar a los jugadores de jockey que competían en el Gran National , o un Trumeau del XVIII procedente de Francia, donde lo vendieron los herederos de un palacete, a quienes ya no les apetecía que la pieza adornara su chimenea (el objeto sólo fuera creado con ese exclusivo destino). De un lugar más cercano llegó uno de los primeros teléfonos (para barco) que se hicieron en territorio gallego, en una desaparecida empresa ubicada en Ferrol. El propio presidente de la muestra, Cosme García Vidal, cuenta en su puesto con alguna rareza. Es el caso de un pediluvio, del primer tercio del XIX, que tiene el honor de haber sido la pieza más grande que ha entrado nunca en un horno de Sargadelos. Lleva dibujado el teatro Tacón de la Habana, el que sería sede del primer centro gallego.