Un trasatlántico con bandera de Bahamas hizo escala en el puerto muradano y recogió a sus 32 pasajeros en A Coruña
22 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Cuatro marineros coreanos reparten chalecos salvavidas en el muelle de Muros. Una docena de pasajeros se colocan en la zódiac con cierto miedo a desperezarse. A un par de minutos de distancia se alza la silueta blanquecina del Endeavour . Su imagen dista mucho de la de un crucero convencional. Sólo tiene capacidad para cien pasajeros y lleva setenta tripulantes. Dicen que es un arrastrero reconvertido, que el trasatlántico fue un troller. «A la gente le gusta. Y, por eso, paga 8.000 dólares», explica Luis del Moral, responsable de la consignataria Rubine e Hijos. En el barco sólo quedan dos turistas americanos. El resto abandonó el buque en Muros para visitar Santiago. Sus plazas las han ocupado un grupo de invitados de la empresa proveedora: el alcalde Muros, Celestino Formoso; el concejal de Urbanismo y miembro del consejo de administración del Puerto, Salvador Fernández Moreda, empresarios, constructores y hasta la delegada de Pesca en A Coruña, Beatriz Mato. Vida a bordo La vida a bordo empieza muy pronto. El desayuno da paso a un recorrido por el barco. Poco que ver con el lujo de Vacaciones en el mar , pero hay espacio para una minipiscina, una sauna, un gimnasio, una biblioteca y, sobre todo, un gigantesco mirador situado en el corazón del crucero, y cuyo epicentro vital está en una cuidada barra atendida por un eficaz camarero de nombre Pete. En el puente manda un sueco. Se llama Joachim Saterskog y ya conoce las peculiaridades de la costa gallega. «Aquí nunca sabes qué clase de tiempo te puedes encontrar, lo mismo hace un sol excelente que llueve a cántaros», explica sin perder la sonrisa. Sin embargo, la travesía también le ofrece una novedad. «Es la primera vez que nos dejan navegar por dentro del cordón de seguridad», añade. Y así es. La costa se perfila sinuosa a menos de siete millas del costado del Endeavour . Algunos delfines acompañan la singladura del crucero mientras los nuevos pasajeros reconocen metro a metro cada playa, cada ría, cada sombra. «Nuestro gran reto es demostrar al mundo que los efectos del Prestige ya han pasado», recalca Luis del Moral. A Coruña parece que brilla más desde el mar. En la torre de Hércules, los turistas ven pasar su barco. Ayer viajaban hacia Bilbao. Hoy lo harán hacia de San Juan de Luz. «Nos gusta la aventura», resume el capitán del barco.