Acento catalán

JOSÉ LUIS GARCÍA LÓPEZ

A CORUÑA

SABÍA de la celebración del sesenta y cinco aniversario del fusilamiento de don Manuel Carrasco Formiguera, uno de los políticos paradigmáticos del catalanismo y más que ejemplar como hombre y padre de familia. Don Victoriano García Martí, del que soy heredero literario, había compartido con él la galería de condenados a muerte en el penal de Burgos. En 1938 -año importante para mí, y algunos más- el Viernes Santo, un 9 de abril, sucedió. No habían podido achacarle ni una coma más que su catalanismo y la de ser un católico cabal. ¡Menudos disgustos le ocasionó esto último entre sus compatriotas! Con razón decía mi tío abuelo que habían fusilado a un santo. Barcelona está tomado por pandillas de jóvenes instalados en tiendas en los parterres de algunas plazas. Se lo están pasando bomba. Son como la avanzadilla del guerra no y los kamikazes de los cortes de tráfico. Tuve que tranquilizar a un taxista, gallego, que desesperado por el colapso, estuvo a punto de repetir el atropello de Vigo. Y no fue fácil. Y, precisamente, al día siguiente de la victoria, que amaneció como glory day . Noto resignación e indiferencia en la calle, y no poca incredulidad en que Sadam abandone tan fácilmente. Nadie se fía.