El AVE nocturna

S. Basterrechea A CORUÑA

A CORUÑA

FOTOS: KOPA

Lo inauguraron una porteña y un treintañero que no estaban de marcha y se sumaron luego 30 más, que iban camino a casa o a por la penúltima copa de la noche

05 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«¿Soy de los primeros?». La pregunta cruza el Obelisco a medianoche. Es Esther Rodríguez, una porteña retornada y la primera pasajera del bus búho que, aunque no va a la velocidad del AVE , es nocturno y también se sube algún rapaz . Ésa es la idea del Concello, que se monten muchos para reducir los accidentes que el alcohol de la movida provoca en las calles coruñesas. «A mis hijos les viene bárbaro. Son camareros y cuando salen ya no tienen bus para volver a casa», explica Esther mientras se acomoda en su asiento. Se sube el segundo viajero. «Ya era hora de que pusieran esto», comenta Juan Millares, un treintañero que vuelve de dar una vuelta. Miguel, conductor habitual de los especiales de la universidad, cierra la puerta. El jefe del servicio de movimiento, Manuel Freire, va con él. Le indica la ruta, mejor gira aquí, cuidado allá... Parece un examen de conducir. Después de cruzar rúa Alta, Miguel se deshace en maniobras. «Ay, se nota que es un buen chofer», señala Esther. Miguel cuenta que el búho será muy útil «de cara a la ciudad». Para lo de trabajar, él, hasta las cinco de la mañana contesta encogiendo los hombros. El jefe está al lado, claro. «No va a ser siempre él, hombre», apunta el jefe.Juan se apea en la Sagrada Familia, pero no sube nadie más, aunque, eso sí, todo el mundo mira el autobús. Peatones, dueños de perros, perros, basureros y hasta la misma policía se gira al verlo pasar. «La gente se va a pensar que lo han robado», comenta Esther. Se baja en Os Castros no sin antes felicitar «a la empresa, al que tuvo la idea y al conductor».El bus regresa al Obelisco. Dos chicas esperan en la parada. La noche se anima. El parte del día siguiente lo confirma: el búho llevó a Esther, a Juan y a 30 personas más, la mayoría chicos y de veintipocos. «Algunos iban un poco contentos», señala Freire. No hubo palabras mayores, sólo cantaron. Y otros se bajaron en las discotecas de la playa antes de tocar retirada.