Una portavoz de una organización humanitaria denunció en 1997 que una familia tuvo a una mujer confinada en un agujero 40 años, cuando no era cierto
04 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Dolores Cotelo, una mujer deficiente de 61 años, fue encontrada en febrero de 1997 por miembros de una organización humanitaria bajo el lavadero de una casa de Vioño. La sacaron de allí y la llevaron al médico. A los pocos días, Ariadna Barral, la que entonces era portavoz y abogada de la organización humanitaria internacional Orden de San Juan de Jerusalén, ponía de vuelta y media a la familia de Dolores ante los medios de comunicación. Los culpó de encerrar en «un cuchitril» a la mujer durante los últimos cuarenta años y explicó cómo fue el hallazgo: La madre de Dolores sufrió una trombosis. La organización internacional se ocupó de su cuidado, visitándola periódicamente. En una de esas visitas, dos objetores y una técnico escucharon unos aullidos en la casa. Buscaron su procedencia creyendo que se trataba de un animal. Cuando abrieron una puerta bajo el lavadero se encontraron con Dolores. Ciega, muda y con extremidades atrofiadas.Ariadna Barral también llegó a decir que Dolores «vivía, comía y dormía en un agujero, realizaba sus necesidades en una caja de huevos y se cubría con una manta podrida». Peor que eso: «A Lola le tiraban la comida por los agujeros de las rejas». Todo era mentira. Aquella historia terminó por ser una aventura de la imaginación que llegó a los telediarios. Una metedura de pata que terminó el pasado jueves en los tribunales, con Ariadna Barral sentada en el banquillo de los acusados para responder por un delito de injurias y otro de calumnias. En la sala dijo que sus palabras eran un reflejo de lo que le habían comentado en la organización, reconociendo que no contrastó las informaciones. Pero la organización lo niega.Y es que su denuncia sobre la situación de Dolores se desmontó cuando llegó a oídos de la ONCE, que se ocupaba del cuidado de Lola desde hacía años. Tampoco los informes médicos dejaban en buen lugar a Ariadna Barral, pues certificaban que la salud de Lola era buena.Todo estaba en contra de Ariadna Barral. Incluso la Orden de San Juan de Jerusalén, a la que pertenecía como portavoz y abogada, la cesó en sus cargos, dejando muy claro que esta organización humanitaria internacional dependiente de Naciones Unidas nada tiene que ver con la denuncia hecha por la que era su portavoz. Nuevas acusaciones Tanto daño hizo en la imagen de la Orden de San Juan de Jerusalén que desde entonces no tienen en Galicia acciones humanitarias. Jorge de Alvarado, representante legal internacional ante las Naciones Unidas, culpa a Barral de ello y anuncia que en breve expondrá nuevas acusaciones contra esta mujer. Así las cosas, Lola no estuvo los últimos cuarenta años de su vida en un cuchitril del tamaño del maletero de un coche. Es cierto que la encontraron allí, porque allí era donde le gustaba pasar horas a esta mujer desde que, con cuatro años, sufrió una meningitis que la dejó sin movilidad, sin habla y sin oído.