Dejó Almería en febrero y recorre España encadenado a uno de sus cuadros para protestar por el chapapote. Ahora quiere atarse a otro y ser escudo humano en Irak
05 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Si hoy pasean por la torre de Hércules o la calle Real, no confundan a un hombre con barba canosa encadenado a un gran cuadro con un fantasma del antroido. El preso en cuestión se llama José Antonio Bervel Cao, de A Estrada, en Pontevedra, y residente en Almería desde hace muchos años, según indica su deje andaluz. El lienzo, La generación del plástico se asfixia , lo arrastra para protestar por la catástrofe del Prestige . «Pinté tres cuadros del chapapote ya hace trece años. Yo esto ya lo vaticinaba, es que se veía venir», señala el artista. Llegó ayer a A Coruña. Antes pasó por Vigo y Ourense. «Hago esto porque creo que aún queda mucho problema, porque el fuel sigue saliendo del fondo del mar», explica. Por la costa Hoy pone rumbo con el cuadro, metáfora de El grito de Munch, a la costa asturiana. De ahí a Cantabria, paradas en el País Vasco y Francia, y luego, tras atravesar Europa, aún cree que podrá encontrarse cara a cara con el petróleo. El de Irak. «No sé si me dejarán pasar la frontera, pero me voy de escudo humano», relata. El cuadro, en esta ocasión, es una crítica a Bush «y sus secuaces». A Bervel Cao le llaman el pintor maldito de la sociedad porque es la versión con pincel del cantante protesta. Tenía un museo en el que colgaba sus retratos de las injusticias: al juez Garzón y a Felipe González por el caso GAL, al Papa rodeado de niños famélicos o al alcalde de Almería en cuclillas y a punto de bajarse los pantalones. El problema es que lo colgó en la fachada. El edil lo llevó a los tribunales por desacato. «No es que me guste pintar a políticos y jueces, mi padre era juez, pero de los buenos. Lo que pasa es que cuando veo tanta falsedad me da un coraje...», asegura. Ahora, como mucho, dice que los pintará con su cara para no volver a pasar por el juzgado. Sentimientos El artista reconoce, sin embargo, que sus ácidos óleos no son como para ponerlos encima del tresillo. «Vivo es de bodegones, paisajes y retratos», explica. «Después de Irak, me retiro», añade. Dice que ahora quiere hacer «pintura de sentimientos».