En la calle de la Torre, la fiesta se divide entre los que la disfrutan participando y los que la observan desde la barrera, a pie de acera o en los balcones
04 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?er choqueiro es una manera distinta de entender la vida. Que se lo pregunten a los miles de curiosos que ayer se dieron cita en la calle de la Torre, santuario del carnaval coruñés. Ellos, como en los viejos tiempos, fueron el blanco de las chanzas de los choqueiros de toda la vida. El buen tiempo propició una asistencia masiva de gente con muchas ganas de fiesta. No faltaron los motivos alusivos al Prestige . Tampoco las réplicas de los Aznar, Bush, Bin Laden, Sadam y hasta un maniquí con la careta de Fernández de Mesa a tamaño natural.Pero los reyes de la fiesta fueron los travestidos, bien hombres, bien mujeres, que hicieron suyo el grito de cualquier manifestación que se precie. «No nos mires, únete a la juerga», gritaban los miles de choqueiros a los mirandas que abarrotaban todos los balcones de la calle de la Torre como si de la boda de una infanta -o de un torero, que nunca se sabe cuál es la mejor- se tratara.Y en medio de toda la vorágine, las comparsas y los clásicos de Monte Alto. Ellos hicieron que la fiesta renovara sus votos de fidelidad hacia una manera distinta de hacer y disfrutar el carnaval. Reinó el buen humor, el colorido, la alegría, el buen comer y el buen beber. Y hasta la música pachanguera sirvió para reunir a los incondicionales de Los Satélites.