El acusado fue borracho a la Guardia Civil para autoinculparse de un crimen ocurrido 6 años antes Lo culpan de matar a un vecino con 43 puñaladas porque le cobraba caros los conejos
12 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.? José Manuel Queijo se emborrachó y se presentó en enero del 2001 en el cuartelillo de la Guardia Civil de Ordes para autoinculparse de un crimen cometido seis años atrás. Dijo que fue él quien clavó 43 veces un cuchillo en el cuerpo de un hombre porque le cobraba caros los conejos. Aquella rocambolesca confesión reabrió un caso ya cerrado. Relató el asesinato con pelos y señales, con tanta precisión que nadie puso en duda que fuera él. Lo encerraron en la cárcel y a los pocos días cambió su declaración. No sólo negó ser el autor del asesinato, sino que explicó los motivos que le empujaron al cuartelillo. Aparte de las seis o siete cervezas que había bebido, una discusión con su madre fue el detonante para asumir un suceso tan atroz. «Prefería ir a la cárcel antes de que mi madre me echara de casa. Por eso me inventé el asesinato», explicó. Cuando estaba en prisión, un guardia civil comenzó a investigar el caso tras descubrir que unas gotas de sangre encontradas en el lugar del crimen no pertenecían a la víctima ni al acusado. También le extrañó el hecho de que José Manuel Queijo padeciera esquizofrenia, trastornos de la personalidad, leve retraso mental y escuchase voces de un amigo imaginario, lo que le llevó a sopesar la posibilidad de que se lo hubiese inventado todo. Estas pistas terminaron por excarcelar al único sospechoso.Pero la acusación se mantuvo y esta semana fue procesado en la Audiencia Provincial de A Coruña por el asesinato de Manuel Gómez Ramos, un hombre de 51 años que apareció muerto el 31 de junio de 1994 en el chalé que cuidaba en Fosado (Órdenes). Autopsia Puede que se lo haya inventado todo y que el calvario que padeció fue debido a un maldito día de borrachera que lo empujó a asumir un crimen que no cometió. Y es que tanto el equipo forense que realizó la autopsia al cadáver como la Guardia Civil apuestan por la inocencia de José Manuel Queijo Rey. Según los forenses y los investigadores que comparecieron en el juicio, unas gotas de sangre encontradas en el lugar del crimen no pertenecen al procesado. Un estudio del ADN defiende que podían ser de un hombre que se había suicidado a la semana del suceso y que padecía graves trastornos mentales. Otro dato importante es que el relato de los hechos que sostuvo el acusado tras entregarse a la Guardia Civil no casa con el informe forense. José Manuel Queijo había dicho que nada más encontrarse de frente con la víctima le clavó en el abdomen el cuchillo, mientras que la autopsia revela que las primeras cuchilladas fueron en el cuello. Tampoco es cierto que arrastrase el cuerpo agarrándolo por los pelos, como contó el procesado.El letrado de la acusación particular, Víctor Espinosa, se pregunta cómo es posible que, sin haber sido él, pudiese relatar el crimen con todo lujo de detalles. De hecho, José Manuel dijo en el cuartel que la noche del asesinato había luna llena, que en un charco de sangre quedó la huella de su zapatilla, que la víctima vestía un suéter y que el asesino había cerrado el interruptor de la luz. Eran pistas que, según el abogado Víctor Espinosa, sólo conocía la Guardia Civil.