Huele a tapa de callos. Conserva el aroma de miles de tertulias. El vino es similar a aquel que trajeron del Bierzo Adolfo García y Teresa Díez hace cincuenta años. Entonces, cogieron el traspaso de un bajo dedicado a la venta de leña y carbón en la calle Ciudad de Lugo esquina glorieta de América y, hasta ahora. Las hojas del calendario fueron pasando, pero casi nada cambió en La Cantera. Una de las pocas tascas de siempre que quedan en A Coruña. Al frente del negocio está Pepín García Díez , hijo de los fundadores, y su esposa Merche , la reina de las tortillas. Recuerdo la primera vez que fui. Me llevó Antonio Grandío . Eché un poco de gaseosa en el pequeño vaso de vino. A Pepin no le gustó. La fiesta Los clientes habituales celebraron ayer las bodas de oro del establecimiento. Aquí se dan cita artistas, magistrados, obreros... Gente de todo tipo y condición que hablan de igual a igual ante un vaso. El momento más emotivo, además del de la llegada de las empanadas que trajo de Parga Ramiro Cruz , fue la entrega de una placa conmemorativa a los dueños del local. El encargado de hacerlo fue Andrés Arronte , la primera persona que, hace cincuenta años, entró en La Cantera y pidió un vaso de vino. Su longevidad confirma la calidad del producto. Chete Lera ?ajó del escenario del Rosalía de Castro y se fue a celebrarlo, pero no a La Cantera. El actor estuvo hasta altas horas de la madrugada en el pub Atlantis. Sus compañeros nocturnos fueron su hermano Joaquín y el cantante coruñés Pablo Bicho . Y claro, hubo buena música en directo. Sin voz Seguro que Chete y compañía estarán hoy un poco afónicos. La que también anda fastidiada, aunque por otro motivo, es Ana Kiro . El frío dejó a la popular cantante postrada en su casa de Mera. Su voz, en toda su plenitud, la podremos escuchar el martes gracias al quinto cedé de la maravillosa colección Son de Galicia . Las voces de los niños ?omo tantas y tantas personas que estos días tienen algún familiar circulando por las nevadas carreteras, yo ayer también estaba preocupado. A las diez de la mañana partió de Madrid el autobús en el que viajaban los niños de San Ildefonso que hoy cantarán la suerte en el sorteo de la solidaridad. A las seis de la tarde llamé al hotel Riazor y no habían llegado. Repetí media hora después, y a las siete, y a las ocho. Llegué a pensar que me iba a tocar a mí sacar las bolas, con perdón. Pero, como pueden comprobar en la fotografía, al final llegaron. Los décimos están agotados. Los bombos preparados en el Palacio de Congresos. Ya sólo falta la fortuna.