Más devota del símbolo de la ciudad es la coruñesa Pardo Bazán, que se asoma a su plataforma al iluminarse el faro: «En los gruesos cristales de su linterna y en su armazón metálica vióse de pronto un centelleo que, multiplicado por la refracción, ofreció el espectáculo de un palacio de gnomos».? Esgrime Pardo Bazán el faro en la «eterna pugna» entre A Coruña y Santiago. «El tesoro que luce Marineda con ufanía, lo que le alivia la dentera de la famosa plaza monumental compostelana, es su célebre Torre», presume.?Wenceslao Fernández Flórez trata de camuflar en Volvoreta el escenario de la narración. No lo bautiza como A Coruña, aunque en una página se le cuela el topónimo. La descripción de la bahía zanja cualquier duda: «Y sobre todo el conjunto, las cúpulas de las iglesias, rompiendo aquí y allá la confusión de los tejados, y más alta aún como una flecha hundida en la pesada nube gris, la torre del faro, oscura, aguda, firme, haciendo la centinela del pueblo y del mar envuelta en su pardo capotón de granito».?? La ironía de Torrente ? Los decorados gallegos son sospechosos habituales en las narraciones de Gonzalo Torrente Ballester. En La muerte del decano un personaje abandona la antigua prisión provincial para llegar «hasta cerca de la torre, que quedaba encima, batida por el viento», relata. El ventarrón que azota a diario estas piedras agudiza la ironía del ferrolano en un artículo en el que recordaba su vinculación con A Coruña: «Todos los años suelo darme una vuelta por Riazor y aledaños. El año pasado, vino conmigo Lenutchka, y casi me la lleva el viento de la Torre de Hércules».? es una pieza de corte experimental en la que se hace inventario de los naufragios en la costa gallega. En esta singular narración, Camilo José Cela incluye un párrafo con sabor a recorte de prensa en el que alude al penúltimo petrolero que tiñó de negro el litoral coruñés. «Lo del Mar Egeo fue una verdadera catástrofe, fue como una maldición de Dios, el Mar Egeo se dio contra las piedras de la Torre de Hércules cuando iba al pantalán de Repsol y vertió en la mar cerca de ochenta mil toneladas de crudo, la marea negra envenenó casi doscientas millas de costa», narra Cela.?