La culpa es de Henry Ford

Luís Pousa Rodríguez
Luis Pousa A CORUÑA

A CORUÑA

CÉSAR QUIAN

Muchos años después de que la serie V nos amenizase las meriendas de la infancia, María Pita asiste al regreso de los visitantes. No son los glotones extraterrestres que llegaban al planeta a la caza de roedores, sino los periodistas que acuden cada jornada al palacio municipal al rastreo de noticias. Hasta la fecha, bastaba un saludo al policía local del portalón, pero ahora toca fichar en la ventanilla y al cronista, previa entrega del DNI, le cuelgan una tarjeta: «Visitante». En la jornada de pleno toca cartulina roja: «Visitante. Sesiones plenarias», reza el tarjetón plastificado con el número quince. Franqueada la barrera, cinco minutos para subir la escalinata, buscar un hueco en el atestado palco de la prensa y tomar aire antes de las cuatro horas de peroratas. Los concejales despliegan su arsenal papelero sobre los pupitres: expedientes, fotocopias, documentos y apuntes marginales. Gastan mucho instrumental estos políticos. A la celulosa se suman: agua, vaso, bandeja de alpaca con tapete, cenicero, tabaco, mechero y hasta lentes de quita y pon, que la edad va cansando la vista a más de un edil. -Cada maestrillo tiene su librillo. Lo apunta Ernesto Pérez Barxa, del PP. Pero el que se trae su libro bajo el brazo es el nacionalista Henrique Tello, que asoma con la jurisprudencia en ristre, o sea, con un tocho de Aranzadi que responde al atractivo título de Código de régimen local . Lecturas contra el insomnio, vaya. Marxismo de salón Lecturas al margen -hay mucho concejal que confunde el salón de plenos con una hemeroteca, por la devoción con la que se afana en hojear los diarios-, la crónica del debate pasa por el marxismo. Sospechábamos que la estrella roja que luce en la bandera galaica del Bloque apuntaba hacia estas tesis, pero lo asombroso es que, puestos a reivindicar, los nacionalistas Tello y López Rico reivindican el marxismo de Groucho, y no tanto el de Karl. Se cuela Groucho, por ejemplo, cuando Rico alude de pasada a la legendaria parte contratante de la primera parte y etcétera. Y es que el asunto de los convenios anulados y luego no anulados es digno del celuloide mágico de los hermanos Marx. Pero el auténtico marxismo llega con la revisión de los contratos de Medio Ambiente, donde uno de los informes técnicos alumbra el ingenio de Henrique Tello. Tras leer con calma el documento, el edil concluye con un viaje irónico: «Só faltaba poñer ó remate 'E dous ovos duros', porque esto é convertir esta sala de sesións no camarote dos irmáns Marx». El profeta El portavoz del PP, Antonio Erias, irrumpe en el debate cuando se pone el dinero, es decir, los presupuestos, la teoría económica, sobre la mesa. Igual que el concejal de Hacienda, Javier Losada, que salta al ruedo cuando se habla de pasta. Matices para caldear el ambiente hasta que pasa por el salón de plenos el bus urbano, con sus veinte millones de pasajeros y sus cifras. -Henry Ford dijo que lo mejor era llevar a los ciudadanos fuera de las urbes y luego dotarles de un medio de transporte privado para desplazarse. Claro que Henry Ford vendía coches, porque los problemas llegaron luego con la congestión del tráfico. Es Antonio Erias quien lanza el dardo contra otro yanqui, Henry Ford en este caso. Tras los Marx, el magnate de los automóviles fabricados en cadena toma el relevo de la invasión norteamericana en María Pita. Arrecian las propuestas y Erias le propina al concejal de Tráfico, José Nogueira, un par de sugerencias: transbordos más baratos y una tarjeta bonobús sólo para coruñeses. Se elevan los tonos y las voces, a Nogueira le sobra la megafonía, Tello se encrespa ante las negativas del concejal socialista, que le echa en cara que el Bloque se ha cargado la única línea de bus que había en Pontevedra y que en Ferrol, territorio nacionalista, ni siquiera hay transporte público en la ciudad. -Agora que retiraron O Cabalo , igual xa hai sitio para meter un bus por Ferrol. O Cabalo , en enxebre, es la estatua ecuestre del ferrolano Francisco Franco, que ahora reposa a unas millas de su antiguo pedestal en la plaza de España. Y así se disputan la palabra, a golpe de réplicas y contrarréplicas, hasta que Losada impone la paz y exige sosiego a diestra y siniestra. Música de relojería Es mediodía y, como telón de fondo, tintinea la música de los relojes que habitan en la planta noble del palacio de María Pita. La música de las esferas: campanas, carillones, badajos y el tic-tac eterno de las manecillas del siglo XVIII que pasan de los discursos que llevan escuchando desde hace ya demasiados lustros. Son las doce y, a aparte de la sinfonía de los cronómetros, no hay recreo para los nostálgicos de V . Los ediles se retrepan en sus escaños, pasan la hoja de la crónica del partido y echan un pitillo con muchos anillos y volutas hacia los vidrios y emplomados que coronan el techo del salón. El gobierno echa humo Moreda, por ejemplo, se levanta de su escaño y pide tabaco a Palau, proveedor oficial del grupo socialista. Mientras se intercambian cigarros y mecheros en el gobierno local -está que echa humo-, la oposición se curte en su oficio y gasta mucha saliva. -Non nos veñan con estas trécolas. Lo sugiere Tello, que acompaña a Antonio Erias en la ardua tarea de leer, una a una, las mociones que luego serán tumbadas en bloque por el rodillo socialista. Cuatro horas y muchas palabras más tarde, los visitantes atraviesan la puerta de María Pita para volver a ser reporteros. A Coruña sigue ahí.