Edificios emblemáticos de la ciudad fueron pasto de las llamas

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

El reciente siniestro en el Cine Riazor ha traído a la memoria los registrados en otros importantes inmuebles que sufrieron igual suerte en los últimos cien años

02 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Por ceñirse al siglo XX, el primer incendio de importancia, tanta que lo devastó por completo, ocurrió en el Pabellón Lino, un popular cine-teatro próximo a la actual Diputación y que había sido inaugurado en julio de 1906. El siniestro tuvo lugar en la noche del 3 de noviembre de 1919. Ese día actuaba el ventrílocuo Balder que, al menos, pudo salvar a sus muñecos. Le siguió en desgracia la Fábrica de Tabacos, el 25 de junio de 1920, también de noche. Las sirenas de los barcos fondeados en A Palloza puso en guardia a todos los coruñeses. Fue un incendio importante. Las llamas llegaron hasta el histórico reloj y las pérdidas se calcularon en dos millones de pesetas. A destacar el abucheo del público a los bomberos, por el retraso con el que llegaron. Además, algunas mangueras estaban picadas y soltaban agua cual regaderas. Tres años después, otra fábrica emblemática de A Coruña, la del gas, sita en Zalaeta, sufrió un severo incendio. Ocurrió a media tarde cuando tres operarios practicaban orificios para remache de unas planchas del gasómetro. El pánico, dado los depósitos de gas, fue enorme en la ciudad y miles de personas emprendieron veloz huída, asaltando coches y tranvías. El lugar donde se congregó más gente fue el monte de Santa Margarita. Al final, sólo hubo un obrero quemado, el señor Castelo. Durante la República, hay que destacar el incendio, el 3 de julio de 1931, de la residencia de los Padres Capuchinos, provocado por unos manifestantes que habían celebrado un mitin en la Federación Local Obrera. Ya en plena guerra civil, el 19 de octubre de 1937, otro fuego destruyó el taller de hilados La Primera Coruñesa, ubicado en Juan Flórez. Famoso fue el incendio del Teatro Colón, que sólo tenía unos años de vida, el 22 de septiembre de 1952, justo horas después de que actuase en su escenario el enigmático profesor Max, un hipnotizador que hizo decir a una de sus víctimas: «Sí, este teatro se incendiará esta noche». A pesar de las graves pérdidas, el teatro volvió a la actividad el 1 de diciembre de ese año.