El Greco frente a Granell

César Casal González A CORUÑA

A CORUÑA

CÉSAR QUIAN

El manierismo del cretense y el surrealismo del gallego se pueden ver en las exposiciones abiertas en El Cantón y los jardines de Méndez Núñez

21 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La Fundación Barrié le echa un pulso sano al Kiosco Alfonso. Es el manierismo de El Greco frente al surrealismo de Granell. Los beneficiados son los coruñeses que pueden visitar dos muestras geniales en una sola mañana. Entra una matrimonio con dos niñas pequeñas en la sede de la Barrié. La voz de la madre parece una campanada: «Niñas, aviso: no se toca nada. Si tocáis algo, váis a la cárcel». Contundente. Las niñas van vestidas de ciclón Kyle y miran sorprendidas para los apóstoles de El Greco, de su taller o de su hijo. Las pinceladas sobrenaturales del cretense están ahí. Todas las figuras tienen esos colores extraños, acuosos, como si el artista cretense pintase bajo un lago, ¿el lago de la fe? Los apostolados que se exponen son tres, el del marqués de San Feliz, el del Museo de El Greco y el de Almadrones. Los ojos de los santos parecen de ciego, extraviados, miradas vacías o llenas de más allá. ¿Quién sabe? Sus caras son de pobres, de menesterosos, el único sentido de entender el comunismo de Cristo, desde abajo. Impresiona El Salvador, su vista de chino triste, la resignación de quien se sacrifica por un pueblo. Llama la atención el San Juan o las nubes que pueblan las barbas de San Pedro. Todo o nada En la acera de enfrente, del Cantón a los Jardines, de la Barrié al Kiosco, salto de siglos y de estilos. Ahora es el último surrealista español, Eugenio Granell, el que cuelga sus telas. La muestra se titula El arte de la conversación , la que mantienen el pintor de Toledo y Granell, del siglo XVI al XX. Aquí la pintura se hace casi, casi cómic, divertimento. Lo explica Granell, que también escribía: «El árbol que está más lejos no tiene porque ser el más pequeño». Un hombre de edad le ofrece a su hijo la clave de esta exposición: «Mira, Granell es así. Si no te gusta uno, no te va a gustar ninguno». Una niña lo pone en cristiano: «Mamá, estas pinturas son muy raras». Sus paisajes mágicos parecen puntillismo neuronal. Las esculturas son como mecanos. Un martillo es un caballo de la Edad de Hierro. Es el juego del surrealismo, todo o nada.