El 092 desaloja a los vendedores de los principales cruces del casco urbano
18 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Hay órdenes claras. Los agentes de la Policía Local recibieron instrucciones el pasado jueves para acabar con un fenómeno que en las últimas semanas se había convertido en parte habitual del paisaje del casco urbano coruñés. Los vendedores ambulantes de los semáforos han pasado a ser unos proscritos. Nunca tuvieron una licencia, pero el derecho consuetudinario bastaba. El que llegaba primero al semáforo se quedaba con su explotación comercial. Al menos por un día. Así, los principales cruces de la ciudad, y los que no eran tan importantes también, acabaron por convertirse en un pequeño supermercado. Los más despistados tenían ocasión de hacerse, a precio de oro, con un paquete de pañuelos de papel, un periódico o una bolsa de caramelos mentolados. Y si el cristal estaba sucio, un poco de agua no menos manchada servía para aclarar un poco la vidriera que impedía la visión desde el interior del vehículo. Con el paso de los días, la mendicidad se sumó al nuevo filón. Y cada escala en un semáforo se convirtió en un martirio para el conductor medio. Se sucedieron las imprudencias, quejas y discusiones en los puntos de control de tráfico. La situación se ha hecho tan insostenible que el propio concejal de Tráfico, José Nogueira, se ha visto obligado a transmitir órdenes expresas a los agentes del 092 para acabar con este fenómeno. Peligro «Se ha llegado a un punto en el que los pedigüeños se convierten en un peligro para la circulación, porque obligan a los conductores a hacer todo tipo de maniobras irregulares», explicaba ayer con profusión de detalles un portavoz del gobierno municipal. La medida se aplicó ayer. Cruces tan concurridos como el de la avenida del Ejército con Ramón y Cajal o la avenida de Arteixo con la ronda de Outeiro estaban desiertos. Sólo el amarillo fosforito del chubasquero de los agentes daba colorido al nudo semafórico del acceso a la ciudad.