Oaxana, Katja y Lisa disfrutaron del paisaje, la gastronomía y la hospitalidad coruñesa durante su participación en el festival de pulso y púa «Ciudad de cristal»
14 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Llegan a la cita con un cuarto de hora de antelación y son el prototipo de chica rusa que uno se imagina. Las tres lucen estilizada figura y unos ojos tan azules como el agua de la bahía del Orzán en una soleada tarde de verano. Oaxana Panikovskaya, la mayor, usa sus 21 años como pasaporte para sus compañeras de grupo. Las gemelas Katja y Lisa Soloviey, de 17 jóvenes y sonrientes años, son sus compañeras de viaje desde la lejana Ekaterimburgo. Las tres llegaron a A Coruña el jueves para participar en la decimotercera edición del Festival Internacionacional de Pulso y Púa Ciudad de Cristal . Y desde entonces su agenda ha estado repleta de actividad social. Guiadas por Cristina, una autodidacta estudiosa del ruso, sortearon las dificultades idiomáticas prácticando lo que ellas definen como «panglishki», una suerte de inglés mezclado con ruso y algún toque mímico. De A Coruña se llevan algunas nociones de español -«quiero dormir», musita Katjia- y una extraordinaria sensación de amabilidad. La noche no las confundió, como al famoso Dinio. «Recorrimos el Orzán y nos ha gustado la Torre, el Millennium, el pulpo y los calamares. La movida nocturna es fantástica», relatan a coro. Y sus ojeras ratifican tal opinión. «En Ekaterimburgo sólo tomamos un café después de clase y salimos un poco los domingos», dice Lisa con un mohín de resignación. A las tres les gustaría volver a A Coruña. Incluso no le hacen ascos a quedarse a vivir aquí. De momento, tendrán que conformarse con tararear los acordes del Aserejé , lo primero que aprendieron nada más llegar a la ciudad coruñesa.