La playa Grande multiplicó la presencia de visitantes procedentes de la comarca leonesa La autovía del Noroeste ha relanzado a la localidad como lugar de veraneo
11 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Ni Mallorca ni la Costa del Sol. En Ponferrada lo que está de moda es el veraneo miñense. La playa Grande de Miño se ha convertido en el punto de reunión de los bercianos durante el período estival. Y toda la culpa fue de la autovía del Noroeste. La mayoría viven de hotel o, cuando menos, alquilan pequeños apartamentos a pie de playa. Sin embargo, Óscar Fondevila, que están construyendo varios bloques de viviendas en la zona, asegura que un porcentaje muy alto de compradores procede de Ponferrada. Casi un ochenta por ciento. Más aún que los madrileños, que ya son habituales en la comarca. En la plaza de O Rabazal un grupo de lugareños comenta que la historia es bien distinta en invierno. Y ellos echan de menos el bullicio veraniego. «En xaneiro podemos durmir na rúa, porque quedamos os de sempre», dice una vecina. Mary Ángeles apura sus últimos días en la playa. Se ha hospedado en el hotel de la localidad y, en el aparcamiento, su coche comparte plaza con el de sus vecinos de toda la vida. Y es que, en Miño, las matrículas de León compiten con las provinciales. A ver quién gana. La mujer no lo tiene demasiado claro «porque cada vez somos más los que venimos aquí. En Ponferrada tenemos de todo menos playa». El sol, lo más importante Algunas familias llevan viniendo desde hace más de una década y son varios los que dicen que el miñense es su arenal. «Desde que se construyó la autovía del Noroeste nos ponemos aquí en un par de horitas», dice una turista. El sol es lo más importante y, en la familia de Tiqui Vidal lo saben muy bien. Ella asegura que Miño es maravilloso, por lo que se vienen todos por un par de semanas. Además, aprovechan cualquier fin de semana para hacer una escapadita a «nuestra playa», comentan. Hasta Luisa, la empleada de la panadería, está encantada con el crecimiento turístico. Dice que los veraneantes son todos estupendos y no niega su tristeza cuando llega la hora de las despedidas, «aunque sé que volverán el año que viene». El verano se acaba y, si este año se puede decir que existió, el fin devuelve a su sitio a cientos de ponferradinos que en Miño ya se sienten como en casa. Los niños no quieren irse. En el pueblo ya tienen su pandilla y, quién sabe, a lo mejor incluso hasta haya surgido algún amor estival.