Veinticuatro jóvenes participan estos días en un campo de trabajo en el monasterio Los primeros llegaron hace ahora siete años, cuando lo que hoy es césped era todavía una «selva», y los campos de trabajo en Bergondo eran sólo una utopía. Veinticuatro jóvenes de todo el mundo participan estos días en las labores de rehabilitación del entorno natural del monasterio bergondés de San Salvador. Alemania y Dinamarca son sólo una muestra de los orígenes de estos muchachos, en su mayoría estudiantes, que buscan la alternativa a un verano que, por común, a ellos les parece aburrido.
18 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Ocho de la mañana. Uno de los monitores entra en las habitaciones de los chicos para derpertarlos. En menos de una hora se habrán tenido que duchar, vestir y preparar el desayuno. A las nueve en punto ya estarán trabajando. La filosofía de un campo de trabajo como el que cada verano se desarrolla en Bergondo pasa por conseguir que los participantes disfruten de la naturaleza al mismo tiempo que realizan labores de limpieza y rehabilitación. Hace dos días que veinticuatro jóvenes, la mayoría de ellos mujeres, llegaron a Bergondo. El lunes marcharon otros. La historia se repite. En el monasterio de San Salvador desarrollan actividades que nunca hubiesen imaginado, como eliminar la maleza con los aperos propios de la comarca o construir duchas nuevas. Se atreven con todo, pero lo que menos les gusta es «cavar la zanja para la canalización del agua y limpiar el embarcadero de Miodelo, entre dos carreteras, bajo el puente de la autopista y con el lodo por todas partes», dicen. No son albañiles, ni arquitectos. Su jornada de trabajo tampoco es de ocho horas. Ellos acaban a la una, para comer. La tarde la tienen libre y, aunque se les proponen actividades, pueden hacer lo que les plazca. El miércoles fueron andando hasta la playa de Gandarío. «Cinco kilómetros para ir, y otros tantos a la vuelta. Pero nos mereció la pena», comenta la albaceteña del grupo. La mayoría son españoles, pero hay chicas alemanas y francesas, además de Mathilda, una rubísima danesa. Patrimonio histórico El monasterio de San Salvador de Bergondo constituye uno de los monumentos más importantes del patrimonio artístico mariñano. Sandra, una de las monitoras del campo de trabajo, no duda en mostrar cada una de las estancias del antiguo convento. La lareira , el claustro y hasta una puerta con dinteles de cantería que data del mismo siglo en que se construyó el monasterio. A los chicos tanta obra de arte les infunde respeto, pero siguen trabajando con ahínco. Van rápido, pero todavía queda mucho por hacer. Cuando ellos se vayan llegarán otros que, por lo menos, ya no partirán de cero.