Varios críos viajan cada año desde Moscú para encontrar un hogar coruñés
12 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Los orfanatos de Moscú tienen un poquito de ese infierno que retrató Dante. Lo que ocurre es que estos son de verdad, están desprovistos de cualquier carga poética. El dinero no da para grandes inversiones en pañales y comida. Una madre adoptiva coruñesa contaba que los pequeños aguantan con el pis en el pañal -si es que tienen uno- y que esto les produce irritaciones tremendas en las piernas. De comer, una especie de puré de patatas que algunos devoran en platos y otros en biberón. Dieta común para todos. Son muchas las nuevas familias que coinciden: cuando se encuentran por primera vez a los críos, les parecen inexpresivos. No ríen o lloran. Tampoco juegan. Simplemente están. Sus madres los abandonaron por no poder mantenerlos. Pero el Estado tampoco cuenta con fondos para desempeñar la tarea. Las casas de acogida carecen de material tan básico como las mantas. Por eso, Rusia es uno de los países que menos problemas ponen para las adopciones. Por eso, algún afortunado abandona el infierno de Dante para que Carrol escriba el guión de su nueva vida. España es su país de las maravillas.