La instalación de terrazas supone la cuarta transformación estética de María Pita en los últimos tres lustros Qué coqueta es María Pita. Ningún recinto público ha mudado tantas veces de piel en los últimos años. Las terrazas le darán un nuevo «look». Desacertado, según muchos. La historia se repite. Cada cambio tuvo sus críticos. También hubo debate ciudadano cuando aquella sosa plaza llena de coches fue sustituida por una vetada a vehículos, con nuevo pavimento y un aparcamiento subterráneo. Duró poco la nueva imagen. Su firme era una tortura para los paseantes. Polémicos retoques, como la instalación de jardineras, no mejoraron el asunto. Así que se reformó en 1997. Ahora se transforma otra vez esta plaza hecha a plazos.
10 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Cayeron las murallas y en el espacio liberado se decidió construir una plaza rodeada de viviendas. El proyecto se aprobó en 1860, según se recoge en el espléndido libro A praza de María Pita , de Xosé Lois Martínez Suárez. Cien años transcurrieron hasta que se concluyó el último de los edificios construidos. Pero centremos la mirada en el espacio central. A vueltas con la estética plaza ha estado esta ciudad ya desde el siglo XIX. En 1872, el Ayuntamiento acordó por unanimidad instalar en ella una estatua de la heroína. Se hizo el boceto (recuperado y plasmado en 1998), pero no la obra de arte. Dos años después se acordó colocar una fuente monumental, que tampoco llegó a ser construida. Durante décadas fue un recinto arbolado, sin más. En 1936 se pavimentó. En 1946 se colocó el alumbrado público. En los 50, Alfonso Molina la asfaltó para poder practicar hockey, balonmano y baloncesto. Fue en la siguiente década cuando se permitió el aparcamiento. Los vehículos formaron parte del paisaje de María Pita hasta 1987, en que se reformó el recinto y se decidió cortarles el paso. La nueva plaza contaba con un adoquinado que dificultaba el caminar. Además, las piedras se soltaban y las hierbas asomaban por el empedrado. En 1992 se colocaron unas jardineras. Poco duraron. En 1996, un informe del arquitecto municipal advirtió del riesgo de desplome de la plaza en caso de que no se realizase una reforma urgente. Así como lo leen. El motivo era que la capa de tierra que había sobre el enlosado aplastaba con su peso (que crecía en días de lluvia) el forjado del subterráneo, el soporte de la plaza. Apuntalada Sufrió mucho con motivo de las celebraciones de los éxitos deportivistas. En 1995, cuando el equipo coruñés fue recibido en el Ayuntamiento tras conquistar la Copa, el techo del garaje fue apuntalado. En varias ocasiones más se recurrió a esta solución de urgencia. Finalmente, se acordó actuar a lo grande sobre el recinto. Los trabajos comenzaron en octubre de 1997. Consistieron en sustituir el relleno que había por otro más ligero, la colocación de un nuevo pavimento más abajo de la rasante existente para realzar el Palacio Municipal, y la instalación de farolas artísticas y de un monumento a la heroína que da nombre a la plaza. A sus pies, una llama siempre encendida simboliza la libertad. La policía local vigila para que nada ni nadie apague el fuego. Cuando se anunció la obra, se barajó un presupuesto de 229 millones. Finalmente, la inversión se disparó hasta los 360. La nueva María Pita se inauguró el 5 de mayo de 1998. Dos años y pico después, unas terrazas vienen a rematar el recinto. Por ahora.