Un paro muy movido

La Voz

A CORUÑA

FOTOS: KOPA, XOSÉ CASTRO

Los sindicatos pusieron en marcha un estratégico y planificado programa de trabajo

20 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Huelga: Espacio de tiempo que uno está sin trabajar. Así define el término el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Que se lo pregunten a los piquetes informativos. Su paro se convirtió en una auténtica movida, en un correcaminos, en una jornada bien trabajada. Empezaron a las once y media de la noche del miércoles. Fueron a visitar y a informar de los motivos que les llevaron a convocar la huelga a los trabajadores de la compañía encargada de recoger la basura y a empresas del sector transporte, de logística. A las cinco de la madrugada de ayer se concentraron en la sede de los sindicatos. Allí, megáfono en mano, organizaron los grupos que minutos más tarde se repartirían por las zonas y los centros de trabajo más estratégicos de la ciudad y su área de influencia. Y a caminar. La estación de autobuses, las cocheras de la compañía de Tranvías, los polígonos industriales, el mercado central de fruta y las panificadoras fueron sus primeros objetivos. La noche se espantaba y veía roto su silencio por los gritos de recriminación de los manifestantes ante aquellos que decidían acudir a su puesto de trabajo. «Esquiroles, insolidarios», chillaban. Los manifestantes mostraban su satisfacción tras los primeros resultados de su trabajo. De la estación de autobuses tan sólo salieron los autocares que transportaban a los empleados de la cárcel de Teixeiro. Los polígonos industriales, como si de un festivo se tratase, se convirtieron, en las primeras horas, en un buen aparcamiento. En el puerto ni barcos fantasmas atracaron. Las frutas tuvieron que volver a las cámaras refrigeradas. El amanecer Los primeros rayos de luz también empezaron a manifestarse. Era el nuevo toque a rebato. Los sindicalistas hicieron suyas las calles. El objetivo eran los comercios, los supermercados, las plazas de abastos. En esta ocasión los visitadores no llevaban muestrarios. Su producto, el poder de convicción para que los trabajadores secundasen la huelga, se guardaba en su garganta: «Compañeiros, pechade, pechade xa», decían. Y casi siempre lograban su objetivo. A veces, utilizaban imaginativas artimañas: entraban en los supermercados y cogían los carritos de la compra. El establecimiento cerraba. Y a las doce y media llegaron a la meta, a la plaza de A Palloza. Comenzaba la manifestación.