Las abejas buscan casa en la ciudad

La Voz

A CORUÑA

XOSÉ CASTRO

Dos enjambres con más de 30.000 insectos siembran el pánico en Elviña y el Ventorrillo Las abejas son caprichosas. Lo mismo acampan en un pequeño jardín (Elviña) como en la ventana de un séptimo piso (Ventorrillo). Ayer lo hicieron. Están en la época de construir enjambres. Y aunque no pican, los vecinos de Elviña y Ventorrillo sintieron pánico.

14 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando aparece un enjambre en la calle, la policía llama a Benigno García. El apicultor es un hombre que gasta camiseta abanderado de tirantes, manos reunidas, pelo ralo, un amigo que lo acompaña y un Seat supermirafiori que guarda en su maletero los aperos de convencer a las abejas de que se vayan con él. No lo hace a gritos. Les echa un poco de humo y los insectos, como peleles, obedecen. Abandonan el enjambre y se meten, uno a uno, en un panal de madera que tiene como reclamo un olor que seduce a los insectos. Con ese equipaje apareció Benigno García en la segunda fase del polígono de Elviña (frente al instituto). Se toma el trabajo como un cazador de elefantes. Conoce a las abejas. Sabe tanto de ellas que podría adivinar la fecha de cumpleaños de cada una de las 15.000 que tiene enfrente. Una de ellas le picó en la nariz. El insecto murió al instante y él, acostumbrado, apenas notó el dolor. Dice que es raro que saquen el aguijón «porque cuando abandonan el panal en busca de un lugar donde construir el enjambre van alimentadas para tres días, están tranquilas». Pero la gente no lo sabe y siente pánico. Colocó la caja de madera junto al enjambre y fue a atender otra urgencia, confiando en que antes de la noche las abejas se habrán mudado. El otro enjambre apareció en la ventana del séptimo piso del número 10 de la calle Monasterio de Caaveiro (Ventorrillo). El piso está deshabitado y fue imposible acceder a él. Los vecinos de alrededor se movieron como inspectores de Scotland Yard en busca de su propietario. Las quieren ver lejos.