El agua protagonizó el simulacro de incendio realizado en el colegio Emilia Pardo Bazán En la cocina del Pardo Bazán se quemó ayer algo más que el estofado. Nadie les avisó del simulacro y cuando oyeron las sirenas, creyeron vivir un incendio de verdad. El fuego era de mentira, pero el susto fue muy real. Mientras la tensión se cocía entre pucheros, los chavales, que sí estaban sobre aviso, cumplieron su papel. Eso sí, salieron del fuego para caer en el agua. En el patio les recibió un chaparrón sin necesidad de manguera. Y como en un incendio no vale parar a abrigarse, muchos enfrentaron la lluvia en camiseta.
02 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.«Genial». Así se lo pasó Dani. Y eso que llovía y él iba en manga corta. Bueno, también había fuego. Pero sólo lo sintieron de verdad en la cocina. Los chavales disfrutaron mientras aprendían a salir bien parados de un incendio. Para ello siguieron un plan elaborado entre la dirección del centro y los equipos de emergencia. Era un simulacro pero bomberos, Cruz Roja, Protección Civil y la policía local y nacional lo prepararon a conciencia. El despliegue fue impresionante. Los más impresionados fueron los vecinos, que tampoco estaban avisados de lo ficticio del acontecimiento y salieron a las ventanas para ver a qué venía tanta sirena y tanto chaval corriendo. Dos ambulancias de Cruz Roja, otro par de equipos de Protección Civil, coches de la policía nacional y de la local y el camión de intervención rápida y el brazo de 42 metros de los bomberos tomaron parte en la actividad. Mientras los primeros evacuaban heridos de mentira, con sus vendajes y subidos a la camilla o a la silla de ruedas, los efectivos del servicio contraincendios rescataban chavales por la ventana, la policía nacional controlaba los accesos y los municipales, el tráfico. La manguera no soltó agua. De apagar el fuego ya se encargó la imaginación, y la lluvia.