La cara B de la música en directo

Un día en la vida de una banda modesta Concierto en el Coliseo: los músicos llegan en chárter, piden 125 toallas y se van más millonarios. Ésa es la cara A de la música en directo. En la B están Ellos y muchos otros. Esta vez, nosotros seguimos a Ellos, un dúo madrileño que llegó en furgoneta, «exigió» unos cubatas y se marchó tan pobre como vino.


«La culpa de todo es de Yoko Ono», repiten, a dúo y en solitario, ellos. Es viernes, son las cinco de la tarde y acaban de llegar a la ciudad procedentes de Madrid: «Vaya infierno de viaje», se quejan de la sobredosis de curvas. Una furgoneta alquilada los ha traído hasta aquí. Conduce Dani, «un colega», aclaran. Con ellos, que son Santi Capote (guitarra) y Guille Mostazza (guitarra y voz), vienen Curro y Javi, sus músicos de apoyo en directo. Hay dos chicas, Flor, la manager , y María, la novia de Santi. Ellos vienen a presentar Lo tuyo no tiene nombre , su último disco. Ha recibido buenas críticas en los círculos independientes, pero las buenas palabras no llenan el estómago. Cobrarán 901 euros (150.000 pesetas), «con los que cubriremos los gastos». El hotel y la cena los paga la organización. Será un concierto de promoción, para hacer nuevos seguidores y sacar unos euros con la venta de camisetas y discos al final del «bolo», como ellos lo llaman. «Es duro, pero lo hacemos para darnos a conocer, es el peaje que hay que pagar», explican. Bueno, también hay que pagar el peaje de la autopista, que corre de su cuenta.En la «cocinilla»Son las cinco y, tras superar las curvas y los peajes, están a las puertas del Playa Club. Son ellos mismos los que bajan, cargan y colocan el equipo. Prueban el sonido durante un par de horas, removiendo cables, girando teclas: «Estamos haciendo de cocinillas», detallan. Fin de la prueba. Rumbo al hotel España, en la calle Juana de Vega. A Guille le ha tocado la habitación 69. Se ehan unas risas, a dúo (siempre a dúo) por la coincidencia. Pronto se acaban: «Las habitaciones no están mal, pero los pasillos son un poco tétricos». No es un cinco estrellas, pero es que ellos no son Bisbal y Bustamante. A las diez, empiezan a acicalarse. Colocarse el pelo a gusto les lleva su tiempo. Cenan croquetas, sopa de mejillones y jarrete. En el camerino, casi un almacén, se bajan unos whisky con coca. Tocan ante unas 400 personas. A las cinco, tras copear , toca cama.

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