Condenan a un joven a dos años de cárcel por dentellearle la mano a un policía Ramón Couceiro pasará los próximos dos años en la cárcel por propinarle patadas y puñetazos a un policía, y morder a otro en la mano. Lo hizo en septiembre de 1996, en una pastelería. Primero discutió con el dueño, luego tiró al suelo un frasco de caramelos, y esperó a la policía como los púgiles, con los brazos armados. Les dijo que tenía una pistola y que les iba a «levantar la tapa de los sesos». Y se puso bravucón.
26 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.A mala hora sucedieron los hechos. Eran las ocho de la tarde del 15 de septiembre de 1996. A esas alturas del día, Ramón Couceiro llevaba varias cervezas encima, aparte de su dosis de metadona. Con todo y mal genio se presentó en una pastelería de la zona de Ramón y Cajal. Discutió con su propietario, y hasta se peleó con una caja de caramelos, que de un puñetazo tiró al suelo. También golpeó el mostrador y el escaparate. El pastelero tuvo miedo y llamó a la policía. Cuando llegaron los agentes, Ramón Couceiro cerró la guardia como si fuera a iniciar un combate de boxeo. Y les dijo: «Os voy a matar. Tengo una pistola, y os voy a levantar la tapa de los sexos». Todo mentira. La única tapa que levantó fue la del mal humor. Los agentes fueron a por él. Eso sí, con cuidado. Cabía la posibilidad de enfrentarse a un hombre armado y enfadado. Lograron esposarlo. Pero, en el momento de introducirlo en el coche patrulla, el detenido arremetió contra los agentes con una suerte de patadas y golpes. Como consecuencia de estos hechos, uno de los policías resultó con contusión de muñeca y esguince en un dedo, heridas que tardó en curar 42 días. Ya en el calabozo, lejos de suavizar su furia, continuó chillando. Los agentes que se encargaban de su custodia entraron en la celda para calmarlo. Nunca lo debieron haber hecho. Ramón Couceiro se lanzó como un pit-bull hacia la mano de uno de los agentes. Hincó sus dientes con fuerza, pero la herida no fue grave. En unas horas, el policía fue dado de alta. Por todo ello, la Audiencia Provincial de A Coruña lo condenó a dos años de cárcel por los delitos de atentado y lesiones. Además, deberá indemnizar al agente agredido con 1.200 euros.