Las inundaciones que no cesan

F. J. CASTIÑEIRA A CORUÑA

A CORUÑA

ESTUDIOS BLANCO

Las mareas vivas desbordaron el Mandeo a su paso por Betanzos en la madrugada de ayer Lo sabían y estaban preparados. Los vecinos de A Ribeira conocen muy bien a «su» río, el Mandeo. Por eso ayer lo esperaban fuera de su cauce. Y así llegó de madrugada, poco después de las cinco. Sus aguas, con 4,35 metros de altura, inundaron los bajos del segundo grupo de viviendas Brigantium. En algún hogar, la eficaz intervención de Protección Civil mitigó los daños causados por el desbordamiento. Con los pisos ya secos, lo peor aún quedaba por venir: la marea de la noche siguiente iba a ser todavía mayor.

28 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Las crecidas del Mandeo en los últimos días de enero no fueron más que un presagio de lo que iba a suceder la pasada madrugada. Entonces, las mareas vivas quedaron por debajo de los 4,30 metros. La de ayer se situó en los 4,35 y la que se esperaba para las seis de la madrugada de hoy alcanzaba ya los 4,42 metros. Cuando apenas se habían recuperado del desvelo de toda una noche, los afectados por las inundaciones ya se disponían para un segundo zafarrancho, pero no de limpieza, de achique. Las familias que muchas veces al año sufren los desbordamientos del Mandeo se sienten abandonadas. Algunas nunca fueron indemnizadas pese a las pérdidas provocadas por las inundaciones. En la madrugada del jueves, como siempre que se desborda el Mandeo, estuvieron un poco más acompañadas. Recibieron la visita de tres miembros de Protección Civil, que con una potente bomba de achique desalojaron una gran cantidad de agua que anegaba, literalmente, los pasillos de la planta baja del edificio. Un vecino se quejaba de haber perdido «todos los muebles» a causa de sucesivos desbordamientos del río. Otro miraba las manecillas del reloj, porque «xa logo teño que ir a traballar, e mañá, outra vez». Sí, a la madrugada siguiente -la de hoy- de nuevo tocaba retén y después, el trabajo. Entretanto, una mujer agarrada a una escoba no cesaba en su tarea de achique, al tiempo que preguntaba si la marea comenzaba a repuntar para bajar.