Este ultramarinos de A Coruña cumple 70 años de historia con su dueña tras el mostrador
A CORUÑA
Emperatriz, que ya cumplió los 85, mantiene vivo el espíritu de un local con tradición que sobrevive gracias a buenos productos y el trato familiar a clientes
11 may 2026 . Actualizado a las 11:31 h.Delante de la tienda había una fuente a la que acudían las muchachas que trabajaban en las casas de los más pudientes de A Coruña. Hacían cola para coger agua desde casi la madrugada. «A las cinco o a las seis ya estaban aquí y, como eran muchas, incluso había peleas para ver quién estaba antes». Emperatriz Iglesias también recuerda que cuando llegó con su familia de O Baleo (Ortigueira), en la calle Pérez Cepeda había tan solo media decena de inmuebles; el resto era todo fincas y huertos, con gallinas, vacas, cerdos... De hecho, la calle ni siquiera se llamaba así: «Se conocía como la zona de los cristales». Su hijo Emilio apuntilla: «De hecho, Pérez Cepeda fue durante muchos años la calle Cristales». Ambos regentan el Ultramarinos Iglesias, una de esas tiendas de las que ya casi no quedan y que transporta a quien las visita a aquellos colmados del siglo pasado. En realidad, es precisamente eso, una despensa en la que se puede comprar jamón, jabón o pimentón: «¿Papel higiénico? Sí, sí, también tenemos», confirma Emperatriz, que sabe con precisión dónde está cada producto en las estanterías.
«Nuestros clientes son nuestra familia y nosotros también para ellos»
Ultramarinos Iglesias es una tienda con solera y tradición. Y hay pruebas de ello: «¿Ves estas básculas? Pues son las originales, las que teníamos mi hermana Lupe y yo cuando abrimos el negocio», explica la mujer señalándolas con orgullo. De hecho, fueron las que usaron durante el gran apagón eléctrico en abril del año pasado. «Tampoco funcionaba la máquina registradora, así que cobrábamos como antiguamente. Y no hubo problemas. Agotamos prácticamente todas las existencias», añade.
También son piezas vintage el letrero exterior, los espejos publicitarios de viejas marcas, parte del mobiliario... Pero lo más preciado es la propia Emperatriz. «Porque el pasado día 1 se cumplieron 70 años desde que mi madre abrió la tienda», explica Emilio mirándola con una sonrisa cómplice. «Sí, sí. Es verdad. Yo tengo 85, así que calcula —reta a hacer cuentas—. Empecé a trabajar aquí con 15 años. La tienda se inauguró el 1 de abril de 1956; vamos, como quien dice, hace dos días», comenta con humor.
Los inicios
«Mi hermana estudió muchísimo. La recuerdo sentada con los libros junto a la estufa y los troncos de leña. Vino a examinarse a la antigua escuela de comercio de A Coruña. Yo la veía esforzarse tanto que pensé que aquello no era para mí. Así que cuando cogió el traspaso de esta tienda con 21 años, yo me vine con ella. Y aquí sigo». Aunque bromea con que ahora solo va al negocio a hacer caja y a vigilar lo que hace su hijo, lo cierto es que sigue madrugando como siempre y a primera hora ya está despachando. «Aunque abrimos a las ocho, yo llego aquí a las siete para preparar todo», explica Emilio. «Mi madre suele venir un poco más tarde, prácticamente a diario», aclara.
«En 1956 el suelo era de cemento y limpiábamos con serrín y lejía»
El comerciante cree que su progenitora seguirá con esta costumbre hasta que pueda, porque Ultramarinos Iglesias es algo más que un negocio. Siempre fue un punto de encuentro para los vecinos. «Las cosas han cambiado, evidentemente, porque en el barrio ahora vive muchísima gente, pero nuestros clientes son nuestra familia y nos consta que nosotros también lo somos para muchos de ellos», explica Emilio.
Acto seguido su madre empieza a enumerar nombres conocidos de los que guarda gratos recuerdos y que se apoyaron en el mostrador desgastado para comprar el pan, la prensa o conservas de bonito: «Pues mira: Luis Seoane, Jorge Peteiro, Rafael Dieste, Felipe Criado, Andrés Fernández-Albalat, Manuela Fidalgo... Este siempre fue un barrio de artistas. Y también de buenos pagadores», aclara Emperatriz, justo en el momento en el que entra otro cliente habitual y con una cara muy familiar, el presentador Xosé Manuel Gayoso, acompañado por su perra Pepa. «Que é o mellor da tenda? O xamón serrano», confirma Gayoso con seguridad. Enseguida empieza a departir con los comerciantes, y a rememorar cuando compraban cigarrillos de chocolate a Amadora, que tenía un pequeño local de venta algo más arriba, junto a la fábrica de pastas. Y a comentar que antes los bocadillos eran de media barra, y que una caja de galletas surtidas era un auténtico tesoro.
Los tres se lamentan que este tipo de tiendas estén en extinción: «Aquí a xente ven sen presa, incluso a falar, a compartir...», confirman los tres. Quizás por algo está colocada una vieja silla en la esquina de dos mostradores. Al rato, la ocupa una clienta.