Vidrios y losetas resquebrajados

La Voz

A CORUÑA

Otros vidrios saltarines fueron algunos del Millennium que fruto, se dice, de los cambios de temperatura comenzaron a resquebrajarse. Tampoco se ha mostrado muy resistente en bastantes fachadas el vitraico, ese diminuto azulejo, tan bonito para piscinas pero tan poco perdurable para aquellas. En muchas de ellas se optó por eliminarlo y dejar la fachada con cemento. Planchas muy vistosas y originales fueron las de la Domus. Pero el famoso arquitecto japonés que proyectó el edificio debió de ver la bahía del Orzán en días de buen tiempo y no se percató de que la espectacular fachada iba a estar expuesta a los vientos del cuarto cuadrante, húmedos y fuertes, por lo que algunas también se cayeron. Los adoquines que se colocaron inicialmente en la plaza de María Pita, tras la construcción del aparcamiento subterráneo que la convirtió en peatonal, eran más rugosos que el famoso empedrado de los Países Bajos y Norte de Francia que volvían locos a los ciclistas del Tour de Francia y les hacían pinchar cada poco. En María Pita las víctimas fueron los niños que querían emular a Bebeto y los monopatinadores, además de las señoras con tacones puntiagudos. Suelo endeble fue el de la remodelada plaza de Pontevedra en la zona por la que transitaban los autobuses urbanos. Se pusieron los ladrillos de la zona peatonal, sin tener en cuenta que los autobuses pesan mucho y los destrozaron.