Manolo, el del Capricho

La Voz

A CORUÑA

CARLOS FERNÁNDEZ PERSONAJES CORUÑESES

22 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Abogado y magistrado, fue uno de los personajes más entrañables y populares de A Coruña de su tiempo, especialmente a partir de los años 40. Licenciado en Derecho, entró a trabajar antes de la guerra en la Junta de Obras del Puerto. También fue vicepresidente del Dépor con Daniel Chaver y Enrique Gómez Giménez, así como presidente del Fabril. Aunque se llamaba Roberto Manuel Pérez Martínez, se le conocía como Manolo, el del Capricho, por el local que tenía su familia en la calle Real y que atendían su madre o su hermano Pancho, conocido pintor. Él ejerció la abogacía con acierto y defendió algunos casos sonados, como fue el del Crimen de Riazor, a mediados de los 50, junto al también abogado Bejerano, donde el fiscal pidió pena de muerte para los dos acusados, el gitano Jorge Basincovich y Francisco Quintero, un joven de 20 años que estaba haciendo la mili en Aviación. El comienzo de la defensa de Manolo, recogido de la reseña de La Voz, era ciertamente espectacular: «Sería precisa la mente creadora de esa extraordinaria novelista que es Agatha Christie, o el cerebro fantástico y alcohólico de Edgar Allan Poe, para crear una trama tan sutil, tan difícil y tan misterioso como la que ha dado lugar a esta causa». Homenaje Con motivo de la concesión de la gran cruz de San Raimundo de Peñafort, le fue ofrecido a Manolo, en octubre de 1981, un homenaje al que asistió lo más representativo de la sociedad. Con tal motivo, Pedro de Llano le dedicó un artículo en la Hoja del Lunes, donde, tras reconocer su bondad franciscana, le calificó como «el mejor amigo del hombre», recordando los enfados que se agarraba cuando, ya de magistrado, tenía que firmar una sentencia condenatoria, aunque fuese de un mes de prisión menor. Manolo, como Alfonso Molina, Caparrós, Cristino Alvarez, Martínez-Barbeito, Enrique Hervada Iglesias, Fernando Arenas, Liaño y tantos otros personajes, tenía una pasión enfermiza por A Coruña y sentía como propia cualquiera de sus problemas. A buen seguro que hubiese enfermado del corazón cuando se galleguizó el La del nombre de su ciudad.