La Xunta mantiene la decisión de interrumpir las faenas pese a las peticiones de algunos mariscadores
31 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.«¿Enfadado eu?, non, que va. Se eles preocupánse por nós home. Non queren que volvamos traballar ata que chegue o bo tempo». Los mariscadores acogían con mucha ironía y una elevada dosis de resignación la decisión de la Xunta de mantener la veda durante el mes de febrero. Los encargados de pesar los moluscos y revisar las medidas de las capturas daban el aviso: «Mañana -por hoy, para el lector- no se trabaja». Y es que llega el día uno y los biólogos aconsejaron a la consellería de Pesca interrumpir la faena para permitir que la almeja gane tamaño. Una nota de la Xunta aclaraba que de poco habían servido las peticiones de los mariscadores para aplazar la veda. Y eso que, según los diestros del raño y la azada, este año estaba siendo bastante bueno. Esa era, al menos, la opinión de la mayoría, aunque siempre hay voces discrepantes y muy gallegas: «Home, todo dependende. Si que hai bastante, pero aínda podería haber máis, se non fora por algúns que veñen pola noite». Es la opinión de Amparo López, toda una veterana en esto de vivir del molusco: «Teño o carné desde o setenta e sete, pero aínda hai quen leva moito máis tempo». No entra en el agua, prefiere darle a la azada en la orilla, aunque así sea menor la recompensa: «o que deixan os demais», comenta mientras se inclina sobre la arena. Hay quien le saca más rentabilidad a la ría, aunque las cuotas están fijadas: nadie puede llevarse más de siete kilos de almeja normal. Para el berberecho o la almeja babosa, el tope está en los diez kilos.