«Tendré que cerrar»

La Voz

A CORUÑA

RAMÓN CASTRO EL TESTIMONIO Ana Fernández, propietaria de la galería Trebellar

24 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Las grandes obras siempre plantean grandes problemas cuando se trabaja en un medio urbanizado y habitado. El caso de la plaza de Lugo no va a ser una excepción. En el entorno del mercado viven cientos de familias y se ubican decenas de locales comerciales que, quizá, ya no estarán allí cuando se inaugure el nuevo recinto. Ana Fernández, propietaria de la galería de arte Trebellar, es una de las perjudicadas. Ella no va a esperar a que entren las excavadoras. Ya está poniendo remedio ante lo que se le viene encima. «Tendré que cerrar este local, estoy buscando otro fuera de esta zona y será para no volver, porque no puedes andar cambiando cada tres años», confiesa. Ana Fernández cree que el cierre al tráfico de toda la plaza, y durante tres años, será un «problema para mucha gente, y además aquí los alquileres están tremendamente caros. Si sólo vallaran el edificio del mercado -subraya- sería otra cosa, pero van a cerrar todo y nos quedaremos únicamente con la acera. Demasiado como para resistir». Otros afectados por las obras son los establecimientos situados en el bajo de la plaza, de cara al exterior. Allí hay comercios de sectores muy diferentes, que, en principio, también deberán trasladarse a la plaza de Pontevedra, y sus propietarios viven unos días de gran inquietud. «La gente no está por ir a la plaza de Pontevedra -explica uno de los comerciantes-. Hoy estuve hablando con otras personas que están en mi misma situación y la preocupación es enorme, porque no sabemos cómo nos irá con las ventas si al final nos trasladamos». El empresario comenta que han pagado mucho dinero por renovar la concesión de los locales y que, de momento, el Ayuntamiento no se ha dirigido a ellos para hablar sobre el cambio de ubicación. «Las obras son necesarias -añade-, eso está claro, pero tendrán que llegar a algún acuerdo con nosotros y quizá sería lógico que nos dieran alguna compensación». Otra empresaria del exterior de la plaza, Carmen Ramos, coincidía en que «tendremos que hablar con el Ayuntamiento. Esto necesita un giro rotundo y rápido -dice-, porque las instalaciones están muy deterioradas, pero lo que no puede ser es que nos perjudiquen. Yo tengo dos empleadas, que están casadas, y no las puedo mandar para casa».