«Mi perro es un santiño»

La Voz

A CORUÑA

XOSÉ CASTRO

SUSANA BASTERRECHEA AL DÍA Una veintena de mascotas recibió el agua santificada en la Orden Tercera en el día de su patrón «Viejo» y «Camelot» se huelen y se gruñen. El primero no tiene dientes. «Es un santiño», dice su dueña. El segundo lleva un impermeable a medida y es «el rey de la casa». Los dos canes saben lo que es rozar el filo de la navaja de la perrera municipal. Dos manos amigas los rescataron a tiempo. De la calle a casa, y de ahí a la Venerable Orden Tercera. Ayer, don José, el capellán, salpicó de agua bendita a perros y gatos en el día de su patrón. San Antonio no es sólo el santo de las niñas.

17 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En jaulas, con correas, en traje escocés y con muchos nervios. Pero nadie sacó las uñas. Una veintena de mascotas convirtieron ayer el atrio de la Orden Tercera en una pacífica mini arca de Noé. La bendición del padre José sólo roció a perros y gatos. Las tortugas, canarios y demás animales de compañía no se presentaron al acto, que no se celebraba desde 1947. La Sociedad Protectora de Animales pretende recuperar la fecha y que cunda el ejemplo, y las mascotas, en años venideros. «A ver si lo ponemos de moda», dice la secretaria de la asociación, María Antonia de Velasco. Saca de la jaula a María Pita, una gata callejera que se coló en el Ayuntamiento y a la que el personal de limpieza salvó del sacrificio municipal. «Viene como representante de todos los animales que son abandonados», explica. A su lado, dos señoras presumen de su caniche Marilyn, «la cuarta que tenemos con el mismo nombre». Mercedes ha llevado a su perro Camelot. «Es muy cariñoso», cuenta. Hace seis años malvivía en la calle. «Estaba enfermísimo y míralo ahora», comenta orgullosa. Mercedes no entiende que alguien con dos patas pueda abandonar o maltratar a otro de cuatro. «La cultura de un pueblo se mide por el trato que da a los animales», sentencia. «Por desgracia, todos los animales callejeros están acostumbrados a recibir y no caricias, precisamente». Isabel quiere que su perro Viejo «viva mejor espiritualmente con su alma, ya reconocida, ¡eh!». Lo dice mientras sus tres hijos no dejan de achuchar al can. Se ha ganado el cielo. El infierno debe de ser para el tiburón de Spielberg. Don José, el capellán, da cuenta de las historias bíblicas de los animales tras la bendición colectiva. Habla de Noé y su arca, de la ballena de Jonás, «y del cordero que representa a Cristo». «Hay que cantar a la fraternidad universal y a todas las criaturas», añade. Llegan dos mujeres con sus mascotas. «¿Han terminado ya de bendecir?», preguntan con sendas jaulas con gato dentro. «Sí, pero no habrá problema para una bendición particular».