La importancia de llamarse Elviña

Luís Pousa Rodríguez
LUIS POUSA A CORUÑA

A CORUÑA

KOPA

Una mujer escocesa luce el nombre de la batalla en la que luchó su tatarabuelo Ella lo escribe «Elvina», sin la patriótica tilde de la eñe. Lo caligrafía con una letra redonda y clara, la misma con la que admite que ya es «una persona mayor». Su nombre navegó desde las «leiras» de A Coruña de 1809 hasta las costas de Escocia. Allí ancló y son ya cuatro las generaciones de su familia bautizadas con un topónimo viajero, que en su tierra tiene un sonido exótico, llegado de otro confín del mundo. El nombre de una batalla lejana es la herencia que su tatarabuelo regaló a Elviña M. Banting.

16 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Lo aclara en una de sus cartas: «No sé si lo mencioné antes, pero pertenezco a la cuarta generación de Elviñas, mi tatarabuelo, al que no llegué a conocer, participó en la batalla de Elviña y de ahí el nombre». Elviña M. Banting reside en Ashlea, Borgue, un pueblo de Escocia. Ilustra sus cartas con una fotografía de su casa y firma sin rúbrica, con el nombre caligrafiado con mucho mimo para dejar claro que no se llama Elvira, sino Elvina, sin una tilde que se atraganta al ojo anglosajón. En octubre del 2000, logró cumplir el sueño de visitar su castro y el escenario donde su tatarabuelo combatió contra las tropas napoleónicas. Pero antes tuvo que rastrear, con sus cartas, las pistas para poder llegar a un lugar llamado a su imagen y semejanza. Jaime Martínez, jefe de la oficina de Turismo de la Xunta en la avenida de la Marina, muestra orgulloso la correspondencia remitida por Elviña Banting a su despacho. En la primera carta pedía información sobre el castro, pero no desvelaba la historia de un nombre que Martínez confundió en un principio con el de Elvira. No fue hasta el segundo envío cuando Banting relató que el origen de su bautizo se remontaba a «the Battle for Elviña». En la tercera carta recalca la señora Banting «lo mucho que disfruté de mi visita a Galicia» en octubre del 2000. Recorrió los restos del castro y se acercó al castillo de San Antón para contemplar de cerca el llamado tesoro de Elviña, la auténtica joya del Museo Arqueológico. Se entrevé en su escrito que agotó las existencias de postales y folletos porque en él lamenta que el museo «había vendido ya todas las postales del brazalete de Elviña». Tuvo que recurrir a Jaime Martínez para conseguirla. La postal, y unos libros de gastronomía gallega «porque la comida estaba muy buena». En su último contacto con la oficina de Turismo, la escocesa Banting tuvo el detalle de añadir al texto dos monedas de una libra para pagar su «deuda».