«Las ONG no somos dioses, sólo hacemos de Pepito Grillo de los gobiernos»

La Voz

A CORUÑA

EDUARDO

SUSANA BASTERRECHEA LA ENTREVISTA Angels Mataró, directora general de la Asociación de Naciones Unidas en España Le hubiese gustado ser una de las gargantas que gritó no a las injusticias en Seattle, pero se desmarca de la antiglobalización violenta. Como directora general de la Asociación de Naciones Unidas en España, Angels Mataró le da un diez al reparto gratuito de medicamentos contra el sida en África. El cero se lo pone a los que se tapan los ojos ante lo que sucede en China «sólo porque tiene millones de potenciales consumidores». «Las ONG no somos dioses, pero hacemos de Pepito Grillo de los gobiernos», afirma.

04 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Esta barcelonesa de 52 años, pedagoga de profesión, vive metida de lleno en la solidaridad activa desde los años setenta. Directora de la asociación de Naciones Unidas en España desde 1995, asegura que «en la ONU hay muy buena voluntad, pero también un Consejo de Seguridad que veta todo lo que le da la gana». Recientemente impartió un seminario sobre derechos humanos en la Facultad de Derecho coruñesa. -¿La globalización ha hecho despertar el interés por los derechos humanos? -Están más presentes que nunca, pero sólo sobre el papel. No hay suficientes instrumentos para hacerlos cumplir. El problema es que aún vemos el respeto a los derechos humanos como un bonito deseo, no como una obligación. -¿Ha afectado la nueva economía a las ONG? -Ha dado a conocer nuestra labor. La globalización tiene aspectos negativos, pero existe, no podemos negarla, y creo que la podemos usar de forma justa. Aunque las ONG nacieron bajo una perspectiva cristiana y asistencial, tipo Domund para chinitos y negritos, nuestra función es procurar un desarrollo social y equitativo, sin dejar a nadie en la cuneta. -Cada vez hay más ONG y funcionan mejor. ¿Se está profesionalizando el voluntariado? -Hay una parte del voluntariado que debe serlo, pero las ONG no se pueden convertir en empresas con cientos de trabajadores y miles de millones de presupuesto. Eso no es optimizar recursos. -Pero no negará que tienen más poder en la sociedad. -Es que la gente ya reconoce nuestra labor y eso nos da independencia y potencia nuestros esfuerzos. La actividad de las ONG ahora llega más a la calle, y así podemos destapar muchas de las injusticias que hay en el mundo. -¿No cree que los gobiernos se descansan en ustedes? -Cuando no les gusta lo que hacemos nos ponen en cuestión y siguen eludiendo compromisos como el 0,7%, que por ahora sólo lo cubren los países nórdicos. Es cierto que a veces les servimos de tapadera, pero tenemos que seguir denunciando y molestando para cambiar las cosas. No somos dioses, sólo el Pepito Grillo de los gobiernos. De los que, por ejemplo, prohíben la venta de armas y luego trafican con ellas o de los que olvidan lo que ocurre en China sólo porque tiene millones de potenciales consumidores.