PRESIONAR

La Voz

A CORUÑA

JOSÉ LUIS GARCÍA LÓPEZ PLAZA PÚBLICA

15 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Nuestra vida está sometida a continuas presiones variopintas: personalmente, las que me siguen afectando más son la arterial y la fiscal, que sólo se libran de ellas unos cuantos afortunados, si así puede denominarse los que no están sujetos a tributación. Pero la cuestión que está en boca de los aficionados al fútbol es la de someter al equipo contrario a tan eficiente acoso que no pueda avanzar: pero cansa mucho y no siempre se consigue. La otra presión, la psicológica, es la que se ejerce con afirmaciones o declaraciones que puedan afectar a la moral -más o menos vulnerable- de los equipos con menos experiencia. El presionador titular del Barça es ahora Rexach: título ganado en buena lid a las órdenes del Cruiff de aquel dream team. Ya ha empezado, y el disculparse con lo que «era una broma» me lo confirma. Hoy, todos lo niegan: pero, al tiempo; y el show del presidente ¡Dios salve a Hospitalet! y los berros de un alcalde más que contestado; por su falta de transparencia. ¿Una pirueta? ¿No será que son marionetas? Mira que si los maneja el caballeroso sucesor de aquel Núñez de Baracaldo... Pero dichos estos supuestos y acertijos no me entra en la cabeza que, a estas alturas del partido, al Dépor le afecten estas presiones: ya no es posible. Sin embargo, recientemente hemos visto en un programa favorito del televidente cómo la falta de presión -el quitársela de encima- produce efectos inmediatos. Rosa, una preciosa andalusa más que gordita, se quejaba de ella por ser, semana tras semana, la «más popular» por votación. Se puso, incluso, a régimen, adelgazó diez kilos sin quejarse, por primera vez en su vida, con verduras, viandas a la plancha y fruta: ella, que estaba acostumbrada a comer de cuchara y con salsas para mojar, hasta decía que estaba contenta. El lunes pasado sólo consiguió ser la segunda más votada, y respiró profundamente: aprovechando la celebración de un cumpleaños, pocos minutos después confesó, con un pelín de rubor, pero más risueña que unas castañuelas, que se había zampado casi la mitad de la «torta» y tres bocadillos... ¡La presión soportada le había comprimido el apetito, que saltó como un resorte cuando se libró de ella! Aunque para la presión, la de una maquinita italiana que vi funcionar el jueves por primera vez en una fábrica de gres situada en el centro geográfico de Cataluña, en el término de un ayuntamiento que ya en el siglo XII estaba bautizado como Jalaf -de la misma raíz árabe que jalifa-, y que en catalán, como tampoco entonces usaban la jota, se denominaba Calaf. ¡Qué forma de prensar! Y hasta el príncipe de Asturias ha reconocido en estos últimos días que la presión es algo existente, aunque se resista, lógicamente, a decir que se ha sentido presionado. redac@lavoz.com